valores y colores de la hispanidad

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POR MARÍA MERCEDES
Fue una noche solaz, donde se exaltaron los valores de una herencia, que tiene como común denominador el idioma español, ése que hace latir de alegría nuestros corazones al ritmo del hermoso y especial sonido de su pronunciación.

Este lazo es tan fuerte que une a más de 300 millones de personas, quienes en diferentes latitudes, –de norte a sur– mantienen viva esa identidad espiritual y cultural que nació a raíz de la llegada de los españoles a nuestras tierras el 12 de octubre de 1492.

Precisamente, para celebrar la riqueza de nuestras culturas, cada año Casa de España realiza la “Fiesta de la Hispanidad”. Al igual que en otras ocasiones, el salón principal fue convertido en un escenario de orgullo y corazón patrio, donde las jóvenes representantes de los países iberoamericanos, España e Hispanidad, desfilaron ondeando las banderas de esas naciones, con quienes compartimos una misma sangre.

“Casa de España celebró para la fecha una de las fiestas de mayor relevancia, que ha permanecido desde los orígenes de la institución, como mandato de los Estatutos de la Sociedad”, dijo Maximino García, presidente de Casa de España, que agrupa a los españoles que residen en el país. 

Después de varios minutos de espera, que transcurrieron entre amenas conversaciones, fueron encendidas las luces multicolores del escenario. Esa fue la señal de inicio del desfile, donde las representantes de los países iberoamericanos, España e Hispanidad, salieron una a una con una radiante sonrisa y banderas en manos, luciendo vistosos trajes típicos, que fueron exhibidos al compás de los diferentes ritmos que bailaron.

Nathalie Sánchez Heyaime, representante de República Dominicana, vestida de azul, blanco y rojo, movió su cuerpo al ritmo de nuestro cadencioso merengue, uno de ellos del repertorio de Juan Luis Guerra.

El desfile tuvo su momento cumbre, cuando las delegadas de las 24 naciones en señal de unidad enlazaron sus manos al escuchar la canción: “Mi tierra”, interpretada por El Jefrey. Sus corazones se llenaron de emoción. Por eso, el aplauso de los presentes se escuchó tan fuerte como nuestra herencia latina.

Luego, la celebración se tornó más festiva. Sólo bastó que los Hermanos Rosario empezaran a tocar sus más populares y rítmicos merengues para que todos se pararan de sus asientos y bailaran hasta la medianoche, incluyendo las jóvenes que participaron en la parada de la hispanidad.