Ve cultura recargada de valores autoritarios

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POR GERMAN MARTE
La cultura dominicana está recargada de valores autoritarios, los cuales incluso han demostrado una gran persistencia y adaptabilidad, pese al proceso de democratización que ha vivido y vive el país.

Y todo eso que se veía como un elemento a cercenar o eliminar ha tenido una capacidad de “metamorfosearse” al mismo ritmo que ocurren los procesos de democratización.

Tras hacer esta afirmación, la politóloga Ramonina Brea indicó que la forma fundamental del autoritarismo es el paternalismo.

Brea sostuvo que el paternalismo es ampliamente aceptado entre los dominicanos, según se desprende de la más reciente encuesta DEMOS, la cual  revela que  ocho de cada diez persona están de acuerdo conque un buen presidente debe ser  como un padre al que hay que acudir para que resuelva las cosas, y ese paternalismo permea todas las instituciones.

Asimismo, dijo que la visión fatalista es un elemento preponderante en la cultura política dominicana y esto constituye un elemento limitante, pues los individuos con un comportamiento fundamentado en factores externos no se conciben a sí mismos en capacidad de ejercer el control de sus vidas.

En cambio, resaltó, la cultura política moderna se funda en la soberanía de los sujetos, la libre y deliberada  elección de los sujetos.

La catedrática llamó la atención en ese sentido, pues dijo que muchas veces ante esa realidad existe la tendencia a la frustración en aquellos que luchan por la democracia.

Empero, consideró importante la frustración “si se tiene una visión y una capacidad de persistencia”.

La politóloga Ramonina Brea hizo estos señalamientos al participar en el Seminario Internacional “Gobernabilidad Democrática y Crisis Política en R.D. y América Latina” que se desarrolla en UNIBE con la participación de expositores de España, Colombia, Argentina y República Dominicana.

Señaló que los procesos de democratización en el país no han acontecido en función de ruptura o de establecimiento radical de los fundamentos democráticos, “más bien estos procesos han sido a veces abortados, en otras ocasiones tutelados, controlados o mediatizados desde el poder político”

Casi todos los derechos políticos fundamentales de la mujer, por ejemplo, fueron otorgados el dictador por antonomasia Trujillo, dijo la politóloga.

La mediatización, apuntó, induce a características personalistas y autoritarias. La persistencia de valores autoritarios ha obrado como fuente de legitimación, movilización e integración en el proceso de democratización.

Asimismo, añadió,  la persistencia del autoritarismo hace que la práctica de los actores políticos y sociales con arreglos a estos valores, siguen demorando la instalación o profundización de un sistema político democrático y siguen recomponiendo enclaves tradicionales o de sesgos autoritarios los procesos de extensión o profundización de la democracia.

Brea señaló que estas opiniones están basadas en los resultados de la última encuesta nacional de cultura política y democracia (DEMOS).

Resaltó que el estudio reveló que menos de la quinta parte de los dominicanos otorga un papel un activo a las capacidades y a la acción individuales como medio para lograr solución a los problemas individuales y sociales “lo cual demuestra se ha afianzado la actitud de dependencia y de negación de los atributos individual y colectiva”.

Esta dependencia revela el limitado nivel alcanzado en la sociedad dominicana por el proceso de individualización

La modificación o atenuación de estos patrones culturales es crucial para la instauración de bases sólidas para una sociedad pluralista y democrática.

“La persistencia de estos elementos culturales que sujetan o niegan la elección individual del sujeto conspiran contra el predominio de la ley como norma y contra la consecución del Estado de derecho.

Aseveró que debido a ello en el país ha predominado la visión de un Estado paternalista dispensador de favores y de castigo de la providencia que decide sobre el destino de todos los dominicanos.

Dijo que la encuesta DEMOS encontró que la justificación o aceptación de la presencia de los religioso no ha hecho más que consolidarse en los últimos años.

“Todos saben que la mediación no es ejercida por instituciones políticas democráticas, sino por elementos de la vida religiosa”.

Indicó que la aspiración de que la iglesia siga teniendo un peso político es compartida por la mayoría de las personas entrevistadas por DEMOS.