Ven TLC afectará a los agricultores

WASHINGTON  (EFE).- El tratado comercial entre EEUU, América Central y República Dominicana elevará el PIB de los seis países latinoamericanos que son partes, pero perjudicará a los pequeños agricultores y atrasará la introducción de fármacos genéricos, según los analistas.

En los últimos meses los detractores del pacto, conocido como CAFTA-DR por su sigla en inglés y aprobado el miércoles por la Cámara de Representantes de EEUU, lo han pintado como el camino de la miseria en América Central y República Dominicana, y de la pérdida de empleos en Estados Unidos.

Sus partidarios, en cambio, lo han descrito como una panacea que llevará la prosperidad a la región, fortalecerá la democracia y creará trabajo en EEUU al abrir nuevos mercados para este país.

La realidad, como es frecuente, queda en el medio. La teoría económica clásica dice que el libre comercio estimula el crecimiento al promover la especialización de los países en actividades en las que tienen mayor productividad y la reducción de sectores en los que es menos competitivo.

Una de las grandes exportaciones potenciales a EEUU del istmo centroamericano y República Dominicana es, por el clima, el azúcar, pero el acuerdo sólo prevé un aumento modesto de la cuota actual de entrada al mercado estadounidense.

El otro sector prometedor es la maquila, pero, de nuevo, Estados Unidos ha exigido a la región que le compre la gran mayoría de las telas e hilos usadas para elaborar las prendas, a pesar de ser más caras que las chinas, lo que limita su competitividad.

La mayoría de las otras exportaciones de Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y República Dominicana ya goza de libre acceso al mercado estadounidense, gracias a la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (CBI, en inglés).

Por ello, el acuerdo no supondrá un estímulo inmediato para las economías de esos países.

“No tendrá un impacto económico inmenso en América Central o Estados Unidos. Hay que ser cuidadoso en no exagerar los méritos del CAFTA, como se ha hecho con acuerdos previos”, dijo Clayton Yeutter, un ex representante de Comercio Exterior durante la administración del republicano Ronald Reagan.

El Banco Mundial calcula que el pacto añadirá seis décimas al crecimiento económico anual del istmo y de República Dominicana durante los próximos seis años.

Para Kevin Gallagher, un profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Boston, el mayor beneficio del CAFTA-DR es que hace permanentes las ventajas arancelarias de la CBI, que según ese programa deben ser renovadas periódicamente.

Un tratado da mayor confianza a los inversores porque el acceso al mercado no depende del viento político en el Congreso.

Pero aún así, Gallagher no está convencido de que el acuerdo sea bueno para la región, puesto que aumenta la protección de los fármacos de marca, para beneficio de las multinacionales estadounidenses.

Los perjudicados serán los enfermos de sida, por ejemplo, porque se retrasará la introducción de medicamentos genéricos, que son mucho más baratos, explicó Gallagher.

“Creo que hemos ido demasiado lejos en la propiedad intelectual”, coincidió Robin King, una profesora de la Universidad de Georgetown.

Otro sector perjudicado serán los pequeños agricultores que se verán desplazados por “la oleada de importaciones de Estados Unidos producidas por grandes explotaciones agrícolas que reciben altos subsidios”, según Sarah Anderson, una experta del Instituto de Estudios de Política que se opone al pacto.

América Central y República Dominicana han logrado que Washington acepte una eliminación muy gradual de los aranceles en ciertos alimentos, de hasta 20 años en el caso de los productos lácteos, el caso más extremo.

No obstante, “eso pasa muy rápido. Uno no hace transiciones de la noche a la mañana”, alertó David Lewis, de la consultora Manchester Trade.

Por ello subrayó la importancia de aplicar una “agenda paralela” para transformar la economía.

Esa agenda debería incluir inversiones en educación, infraestructura y una red de seguridad social para lidiar con las personas que previsiblemente perderán sus puestos de trabajo, según Kimberly Elliott, del Instituto de Economía Internacional.

El CAFTA-DR fue suscrito el año pasado y hasta ahora ha sido ratificado por El Salvador, EEUU, Guatemala y Honduras.