Vencedores dominicanos en USA-2004

MARIO ARVELO CAAMAÑO
Una vez concluida la dilatada disputa post-electoral estadounidense de hace cuatro años, publiqué en estas páginas (el 21 de enero de 2001) un análisis sobre otros resultados de interés para nuestro país, los cuales quedaron sepultados por la natural conmoción que rodeó al litigio por ocupar la Casa Blanca, donde han habitado todos los presidentes desde John Adams, el sucesor de George Washington. Este noviembre las cosas fueron diferentes, con el senador John Kerry dirigiéndose al país al día siguiente del sufragio admitiendo no haber acumulado adhesiones en número suficiente para mudarse a la residencia ubicada en el número 1600 de la avenida Pensilvania, la cual fue modelada por el arquitecto irlandés James Hoban.

El resultado final, demorado por la proximidad de las papeletas depositadas en Ohio, fue pronosticado por el firmante de este artículo hace largos meses, modestia aparte, atendiendo la gentil invitación del periodista Euri Cabral a su programa de televisión y al espacio radial “El gobierno de la mañana”.

Mientras la atención de buena parte del planeta convergía, con sobrada razón, en la distribución de los llamados “grandes electores”, otras luchas electorales tuvieron lugar, algunas de las cuales importan a República Dominicana.

Comencemos por la demócrata Grace Díaz, quien se convirtió en la primera dominicana en una legislatura estatal, imponiéndose al republicano Ryan Curran con el 88 por ciento del voto en el undécimo distrito de Rhode Island. Sigamos con Ernesto Curiel, elegido a la Asamblea Municipal de Carolina, en Puerto Rico, y por los candidatos reelectos, encabezados por el veterano asambleísta estatal Adriano Espaillat, quien representa el distrito 72 del Estado de Nueva York, con sus bastión en el barrio de Washington Heights y las comunidades de Inwood y Marble Hills, y por el también miembro de la Asamblea Estatal neoyorquina José Peralta, otro originario de Quisqueya que se ha hecho fuerte en el distrito 39, que incluye los pujantes sectores de Jackson Heigts y Corona, en Queens.

La ecuación dominico-americana ha encontrado en el noreste liberal su nicho de oportunidad, aunque los reelectos los diputados estatales Carlos González (Manchester, New Hampshire) y William Lantigua (Lawrence, Massachussets) no siguen las orientaciones del Partido Demócrata. Por cierto, el republicano González se ha quedado corto en dos intentos de acceder a la alcaldía de su ciudad adoptiva y Lantigua, quien se ha registrado como inedependiente, ha asumido posturas de acentuado talante conservador.

Párrafo aparte merece el funcionario electo de origen dominicano con más alto rango en la formidable democracia estadounidense: el senador estatal Juan Pichardo, quien mostró su poderío político al obtener el 87 por ciento de los votos depositados en el segundo distrito de Rhode Island dominando al republicano Bryan Mayben. El distrito de Pichardo cubre parte de la ciudad de Providence, donde nuestra diáspora ha recibido cobijo por tres generaciones.

Continuemos con los mejores amigos de República Dominicana en el gran país del norte, encabezados por el senador Christopher Dodd, quien se impuso al republicano Jack Orchulli por 66-32 en Connectituc, Estado donde Kerry apenas logró una ventaja de 54-44. Dodd es hijo adoptivo de Cotuí, donde vivió por casi tres años como voluntario del Cuerpo de Paz, y habla el español con marcado acento dominicano. Ha sido senador desde 1980, y la clamorosa derrota del líder de la minoría demócrata Tom Daschle hizo que su nombre sonara por algunos días como posible sustituto del senador de Dakota del Sur.

En la cámara de representantes obtuvo la reelección el mítico Charli Rangel, cuyo distrito federal abarca todo Washington Heihgt, el barrio netamente dominicano del alto Manhattan. allí recogió el 89 por ciento del electorado, y apenas terminadas de contar las papeletas de su triunfo arrollador tomó la iniciativa en defensa de los intereses de República Dominicana en el impasse que ha surgido a propósito del Tratado Centroamericano de Libre Comercio.

Recapitulando: los avances son evidentes, aunque falta un trecho muy amplio por recorrer, en especial para un electorado que, como el dominicano, vota en escaso número y no tiene un tema común para exprimir capital político. Y es que los cubanos del exilio tienen el régimen de Castro como incesante e incitante recordatorio de las ventajas de mantener un frente unido, y los mexicanos padecen las severas leyes migratorias que han hecho del cruce del río Bravo una odisea similar a la de los berlineses bajo el muro. Estas causas (casi al nivel de “causus belli”) aglutinan y solidifican una agenda común que se refleja en las urnas.

Gracias a su cohesión, los cubano-americanos han logrado sentar a su primer senador en Washigton, con la ajustada elección del republicano Melquíades Martínez, de Florida, quien al llegar con lo puesto en 1962 procedió a recortar su apelativo para llevarlo a un (anglosajonamente hablando) más potable “Mel”, y quien ya hubo llegado bien lejos como Secretario de Vivienda al inicio de la presente administración (los dominicanos tenemos el orgullo de contar con el doctor Eduardo Sánchez como Comisionado de Salud del Estado de Texas). De su lado, los chicanos consiguieron otra victoria estrecha con el demócrata Ken Salazar, quien representará a Colorado en el Capitolio.

Sin embargo, el día en que un dominicano alcance semejante dignidad sigue estando lejos. Por lo pronto, el triunfo de Grace Díaz y el prestigio acumulado de Juan Pichardo y Adriano Espaillat permiten soñar.