Venid los moradores

Encontré una lápida en el cementerio con esta inscripción…. “La mejor tumba para una madre es el corazón de un hijo que no olvida”. Lo creo firmemente. Mamá partió hace veintisiete años y sigue viva entre nosotros, irradiando su amoroso ejemplo, para todos sus descendientes que veneramos su memoria. Acercándose el Día de las Madres, las ideas se me alborotan con su memoria y los recuerdos vienen, animando todos los sentidos. Hoy, la recuerdo asociada a doña Trina Moya de Vázquez. Estampas que impresionaron mi memoria de niño y que surgen de profundo haciéndome dueño de unas vivencias únicas… irrepetibles.

Venid los moradores del campo y la ciudad,

Entonemos un himno de intenso amor filial,

Cantemos a las madres su ternura y su afán,

Y su noble atributo de abnegación sin par.

Con los versos del famoso himno, nuestros recuerdos son reforzados por haber conocido y visitado el espacio privadísimo de la ilustre dama, su galería al este de su casa en Tamboril, el jardín sembrado con astromelias y una mata de ciruelas a la cual teníamos acceso, recuerda Mirta, y flores, ambientaban el escenario, donde mamá era recibida con afecto y la noble dama era protagonista principal sentada en su butaca, esparciendo en su derredor serenidad y dulzura.

Cubramos con flores la tumba sencilla,

De madres que moran en la eternidad,

Honremos con flores la frente que brilla,

Que aun brilla y esplende la maternidad.

Los domingos era clásico el ritual de la visita de doña Trina a la iglesia. Acompañada por Toñita su sobrina, elegante y bella joven que la acompañaba y protegía siempre. Con un reducido grupo de amigos y parientes, caminaba alrededor de medio kilómetro entre su casa y la iglesia. Toñita, fue madrina en la graduación de mis estudios primarios.

Dice mi hermana Melba …¿Dónde están los años dorados que tu preconizabas que llegarían con la cuarta edad? Y agrega…. porque yo no los veo por ningún lado. La entiendo. Pero, insisto, están aquí….. Basta serenarse…. y afloraran recuerdos…. verdaderas joyas, nos harán sentir emociones que le dan sentido a lo vivido.

Dice doña Elsa Brito de Domínguez, maestra, historiadora y poetisa, tamborileña “doña Trina fue un símbolo de la mujer, amiga de Tamboril y madre espiritual de la nación dominicana, con alegría seguimos cantando su convocatoria a los moradores del campo y la ciudad, a los niños, jóvenes y ancianos, su voz y su ternura, como una nueva luz de primavera seguirá en la conciencia y en el corazón de Tamboril.”

Bendita vida, que nos dio una madre como la que tuvimos y la serena paz que protegió su entorno.