Ventajas que debemos cuidar

Una seria perturbación para los países de economía débil es la carrera alcista de los alimentos. En el caso de la República Dominicana, y según el economista Pável Isa Contreras, oficial local del Programa Mundial de Alimentos, esta perturbación se atenúa gracias a que cubrimos con producción local  el 80% de nuestras necesidades de alimentos, aunque tenemos como punto débil nuestra dependencia de importaciones en materia de maíz, trigo y aceites vegetales, tres renglones de altísima incidencia en la canasta familiar, si se toma en cuenta el alto consumo de alimentos derivados del trigo, el hecho de que nuestra producción de pollos demanda un alto consumo de maíz y que es alta la demanda de aceites de cocina.

La coyuntura de ventaja relativa en materia alimentaria debería inspirar a las autoridades a fortalecer nuestra producción de estos renglones para garantizar un abastecimiento interno a precios razonables y exportar a precios ventajosos. También debe fomentarse el cultivo de granos como sorgo, maíz y soya, de modo que podamos reducir nuestra dependencia en materia de alimentos para humanos y para la producción agropecuaria. Hay que mejorar la reserva de alimentos contra condiciones climáticas adversas que se están haciendo cada vez más frecuentes. Tenemos que cuidar nuestras ventajas comparativas en materia de alimentos.

 

Cojeras de la democracia

En la mayoría de los partidos políticos la democracia es un discurso que los hechos estrujan y desmienten a cada momento, en cada campaña por la búsqueda de posiciones de poder. Por eso, en la cacería de votos se suele endiosar a la mujer y resaltar su papel en la sociedad, pero a la hora de las reivindicaciones sociales, económicas y políticas  se les relega a segundos planos con el mayor desparpajo.

La verdad a la que nos estamos refiriendo la corrobora un estudio realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que señala que la Justicia es el único estamento en que la mujer ha encontrado cabida en condiciones similares a las del hombre. No hay manera de que los partidos pongan en manos de la mujer los mismos recursos que ponen en manos del hombre ni de que, una vez en el poder, estas organizaciones repartan de manera equitativa los cargos de gabinete y otras posiciones.