Verdadero modelo de felicidad

Existen personas cuyo estilo de vida las sociedades suelen erigir o tomar como ejemplos a seguir. De estos, los que preocupan son los que tras el éxito se dan al lujo y a la entrega total al hedonismo.

Preocupan porque el mensaje que lanzan al mundo, especialmente a la juventud, es que la felicidad real se alcanza solo a través de lo material y del desenfreno sensual.

Es una visión muy negativa, pues hace de la existencia una carrera de afán y desasosiego inquietante en procura de acumular cosas.

La gente no se da cuenta de hasta dónde sacrifica, entonces, su paz, su armonía, su tranquilidad y su equilibrio emocional.

Desgraciadamente la mayoría no se percata de que la lucha por lo material y por la satisfacción carnal es, precisamente, producto de una deficiencia emocional interna y de la falta de algo que sigue latente aún en las vidas de las llamadas personas de éxitos.

El Maestro Jesucristo es el único modelo genuino que hay en el mundo a seguir sobre cómo ser exitoso y, al mismo tiempo, realmente feliz.

Contrario a los grandes de la época, no ambicionó poder ni prestó atención a las cosas materiales.

Reprochó a los que se afanaban por esto y reprendió al Diablo cuando le ofreció los reinos y las riquezas de este mundo (Mateo 4).

Jesús enseñó que la felicidad debe producirse dentro de nosotros. Lo de afuera es solo un complemento.

Si nuestro interior está vacío, querer llenarlo con lo de afuera será solo una carrera tonta, inútil e infructuosa.

Él vivió consagrado solamente a hacer el bien, en pureza total de alma, de cuerpo y de espíritu y valiéndose de lo más mínimo posible en esta tierra para subsistir humanamente.