Vergüenza contra dinero

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

El candidato el gobierno es como aquel rey Creso que todo lo que tocaba lo convertía en oro, por eso, de uno a otro día se convierte, según él, en el más exitoso y poderoso empresario aeronáutico de la región.

Su campaña está basada en el dinero, que nadie sabe de dónde brota a borbotones, como un río desbordado.

Para estas elecciones se presenta una situación muy interesante: un pueblo que quiere sacar del poder a una camarilla enriquecida hasta el hartazgo, corrompida hasta el tuétano, que gobierna de espaldas a la moral, a la ley, a las buenas costumbres.

La consigna popular, extendida por todo el país es: de que se van, se van. Para ello, todos sabemos que es preciso acudir a votar por el cambio el 5 de julio.

La avalancha de dinero que emplea el gobierno con y por su candidato es algo que nunca se había visto en la historia nacional, es escandaloso cómo se emplean todos los recursos del Estado en una campaña con la cual se apantalla y se intenta aplastar y desconocer la voluntad popular.

Estamos ante la encrucijada: vergüenza contra dinero. Esa frase fue usada en la década de 1950, en distintos países de América, en una de las campañas de los defensores de la democracia liberal.

Para entonces, José Figueres Ferrer (Pepe o Pepe Tacones), Rómulo Betancourt, Luis Muñoz Marín, Víctor Raúl Haya de la Torre, Raúl Villeda Morales, formaban un grupo que abogaba por implantar la democracia en América Latina.

De una campaña electoral en uno de los países que formaban esa internacional liberal, surgió la feliz frase: Vergüenza contra dinero, la cual se aplicó para las elecciones de 1962 en República Dominicana.

Para 1962, los conservadores tenían todos los recursos: experiencia de gobierno, adquirida durante la tiranía de Trujillo; el poder económico; muy conocidos por participar en política entre 1930 y 1961 y tenían de su lado al gobierno.

Así se presentaba el panorama electoral cuando el pueblo auscultado su corazón entendió que no debía vender su voluntad por un plato de lentejas.

Después del mitin de la noche del parque de Villa Consuelo y del debate entre Juan Bosch y el sacerdote jesuita Láutico García, el pueblo tomó su

decisión y votó, y de qué manera, por el candidato del cambio, por el que postulaba la vergüenza como un valor eterno. Triunfó la voluntad popular,

No importa que nos la pongan en China, el deber de todos es acudir a las urnas, depositar el voto por Luis Abinader y mantenerse alerta para que, aunque usen la guardia, los votos sean contados como Dios manda: uno a uno, otro y otro