Viajar en metro o autobús en Roma, una pesadilla que empeora en verano

roma-bus_xoptimizadax--644x362

Roma. Esperas interminables, convoyes sin aire acondicionado, autobuses abarrotados y obras sin fin se han convertido en escenas habituales del transporte público de Roma, que vive una situación insostenible y empeora con el verano.

En un día normal, una vez que llega el autobús -con una más que probable espera de media hora-, los habitantes de la capital italiana tienen que pelearse para entrar en él, porque en los autobuses de Roma no hay puertas diferenciadas de entrada y de salida, sino simplemente puertas por las que, a empujones, se entra o se sale.

Ya dentro, es momento de soportar los frenazos y los posibles cambios fortuitos de recorrido mientras se sufren las altas temperaturas por la carencia de aire acondicionado, rodeado de decenas de personas entre romanos, turistas desconcertados y carteristas. Si tomar el autobús resulta poco conveniente, no lo es menos optar por el metro, que impresiona por su aspecto sucio y consta de apenas 40 kilómetros de recorrido, frente a los casi 300 kilómetros de Madrid.

El problema no es solo de recorrido, sino también de servicio, porque el suburbano de Roma sorprende con trayectos con puertas que se abren de manera repentina o con conductores que deciden circular a velocidades extremadamente lentas y sin encender el aire acondicionado.

Fue esta una escena que presenció recientemente Efe, en la que un conductor de metro se desternillaba de la risa al llegar a paso ralentizado a la estación de Termini ante la mirada atónita y furiosa de decenas de usuarios, que tuvieron que agolparse para entrar en los vagones