Viaje a la libertad creativa de Miró, el artista que rehuyó de los dogmas

Joan Miró

Sète (Francia). La libertad creativa del catalán Joan Miró sirve de hilo conductor de una exposición en el museo Paul Valéry de Sète (sur de Francia), unas 70 obras de este pintor y escultor que, pese a su cercanía con el movimiento surrealista, mantuvo siempre su independencia artística.

La muestra “Miró. Hacia lo infinitamente libre, hacia lo infinitamente grande”, abierta desde hoy hasta el 9 de noviembre, no es una retrospectiva, aunque hay obras de todas las etapas, sino que busca reflejar la esencia de la producción del artista catalán (1893-1983)- su personal estética y su rico universo simbólico, cuenta a Efe la directora del museo, Maithé Vallès-Bled.

“Miró es inclasificable”, explica la comisaria, “era innovador, onírico, alegre, pero también planteaba preguntas metafísicas” y, aunque estaba muy cerca del movimiento surrealista, siempre rehuyó adherirse a los manifiestos promovidos por André Breton, “porque no quería someterse a dogmas”.

Con influencias artísticas diversas, desde las pinturas rupestres hasta el fauvismo y el cubismo, el creador catalán adquirió un lenguaje propio, caracterizado por el protagonismo cada vez más marcado de los colores primarios y las formas simples cargadas de simbolismo.

“No es la primera vez que se pinta con una gama tan reducida de tonos- los frescos del siglo X también están pintados así”, explicaba Miró, quien siempre defendió una pintura en la que aspiraba a conseguir la máxima intensidad con los medios mínimos.   Esta libertad en la estética se tradujo también en el ámbito político a través de “un compromiso vital con su país”, relata a Efe su nieto, Joan Punyet Miró, que actualmente proyecta la apertura al público del taller de su abuelo en Montroig, en la provincia de Tarragona.