VIAJE POR LA HISTORIA
Relaciones políticas entre Bernardo Vega y Salvador Jorge Blanco

 Con Salvador Jorge Blanco, Bernardo Vega no solo fue certero encuestador que vaticinó su triunfo sino diligente estratega que advirtió a tiempo debilidades y apreciaciones comunes que restaban votos al candidato y procuró cambios de imagen y actitudes, cabildeos y encuentros con personalidades claves que hicieron posible su ascenso al poder en 1982. Fue el gobernador del Banco Central, posición en la que recibió tantas críticas como las que recayeron sobre él cuando el mandatario le concedió el privilegio de poner a su disposición los archivos del Palacio Nacional.

Con los jóvenes Mark Penn y Douglas Schoen, a quienes todavía representa, realizó las primeras encuestas, incluyendo el conteo rápido. “Proyectamos que Salvador Jorge Blanco iba a ganar con 46 por ciento y sacó un 46”. Aunque previamente se efectuaban sondeos en República Dominicana, Vega sostiene que estos fueron los primeros por parte de un candidato. “Era una técnica nueva que no existía en el país”, agregó.

Discursos y promesas electorales de Jorge Blanco no eran lo que toda la población quería, según los análisis de este experto. “Estábamos en la Guerra Fría y él era visto como un individuo de la izquierda que había estado al lado de Caamaño en la revolución y participado en las negociaciones para dar fin a la contienda”.

Bernardo lo llevó a Washington y aprovechó un acto de Ronald Reagan para introducir a Salvador, colocarlo a su lado y lograr que lo retrataran, de lo cual después debió dar explicaciones, pero antes lo reunió con Ellsworth Bunker, “el pato macho del mangoneo”, principal negociador de los norteamericanos para la salida de sus tropas de Santo Domingo en 1965 y “con otras gentes muy importantes de Washington”. También le gestionó entrevistas con congresistas.

Y por pura casualidad, cuenta, “mientras estuvimos allá había un acto de la firma del acuerdo de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe a la cual iba el presidente Reagan, llevé un fotógrafo y conseguí que Jorge Blanco asistiera” y se obtuvo una foto del aspirante saludando al Jefe de Estado. “La publicamos aquí al regresar y recuerdo que Rafael Herrera me comentó: “Huele ya a presidente”.

Reagan, añade, “no sabía a quién estaba saludando, la norma de ellos es no saludar a un candidato político, que es lo correcto, después me preguntó el embajador americano que por qué el gobierno de Estados Unidos estaba tan abiertamente a favor de Jorge Blanco”. Le explicó al igual que aclaró a muchos dominicanos que no se trataba de un montaje.

Otra maniobra fue agenciarle una cita con el papa Juan Pablo II, con quien también lo retrataron pero esta táctica representó la pérdida  de la candidatura a senador de Hipólito Mejía, según Bernardo, pues este llevó la foto a campesinos muy religiosos de La Sierra y un viejo patriarca con escapulario comentó: “Yo sabía que ese polaco se iba a meter a comunista”. “Y allí perdió totalmente el PRD”, acota Vega.

Situación difícil. Se dice que como gobernador del Banco Central, Bernardo Vega era soberbio, que se autoaisló, boicoteaba propuestas de los miembros del equipo económico y que beneficiaba a personas o grupos allegados a él. Le llamaban “El llanero solitario”. Al margen de esas versiones, obtuvo logros para el gobierno jorgeblanquista e introdujo transformaciones en la estructura económica que aún perduran.

A las críticas responde: “El resto del equipo económico eran Abinader (Rafael) y Alburquerque (Ramón), tal vez eso pueda explicar el porqué el aislamiento, eran dos figuras políticas con ideas económicas diferentes a las mías, a diferencia de un equipo económico compuesto por economistas de profesión y además, heredé un sistema bajo el cual una serie de empresas tenían derecho a recibir divisas a un dólar por un peso, y cuando ya salí del Banco, todo eso había desaparecido, todo estaba en el mercado libre”.

Y se pregunta: “¿Cómo tú puedes estar privilegiando gente si lo que hiciste fue destruir ese sistema?”

Al narrar su ingreso al organismo declaró que encontró “una situación muy terrible: los altos precios del petróleo, atrasos en pago de importaciones, un sistema heredado de que la moneda tenía dos valores en un mismo mercado, la tasa de interés tenía un tope del 12 por ciento desde los tiempos de la ocupación norteamericana, entonces yo tuve que desmantelar todo eso, que fue traumático porque hubo que eliminar la paridad de un dólar por un peso y pasar a una paridad flotante, pero única”.

Afirma que a su retiro del Banco, esas situaciones se habían resuelto “excepto para las importaciones de petróleo y había que dejar que los exportadores consiguiesen vender sus divisas en el mercado libre y no entregarlas a un dólar por peso, aunque el efecto inmediato fue lo que permitió que aumentaran muchísimo el turismo y la zona franca”.

El funcionario comunicó a amigos norteamericanos que República Dominicana era el único país de América Latina cuyo presidente no había sido invitado oficialmente a una visita a Washington y ellos, sorprendidos por el dato, convocaron a Jorge Blanco a la Casa Blanca “y coincidió con abril de 1984”. El plan, dice, “era pedir un gran préstamo a los americanos para poder posponer el pasar al mercado libre productos comestibles, pero no se logró, entonces se pasó al mercado libre esa medida que provocó un levantamiento popular que yo siempre he querido averiguar si fue espontáneo o si como dijo la gente del gobierno, los reformistas estaban detrás de eso, al día de hoy no he encontrado una respuesta satisfactoria”.

Está en desacuerdo con las cifras de muertes que se publicaron. “No fueron cientos y cientos pero sí creó muy serios problemas al gobierno. Poco después de eso yo salí, el Presidente me sustituyó, fue una salida muy amigable, yo reconocí que debía poner caras nuevas”. A los cinco días el mandatario estaba cenando con Bernardo en su casa. Eran amigos, explica.

Le ofreció la embajada en Caracas y él no aceptó. Dijo que su deseo era ser el primer historiador que investigaba los archivos palaciegos y Jorge Blanco lo complació. Durante meses visitaba a diario la casa de gobierno, lo que dio origen a conjeturas como que hacía un trabajo especial al mandatario. Fotocopió documentos y pasó los próximos diez años de Balaguer sin funciones estatales. Se dedicó a escribir libros. Fue su época más productiva como historiador. El próximo aspirante presidencial para quien trabajaría, tanto en campaña electoral como para su gobierno, sería Leonel Fernández, en 1996.