Víctima de un éxito salvaje

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El polígono central de nuestra capital está siendo desbordado por un éxito salvaje en el florecimiento de torres para apartamentos y oficinas, que cada día se levantan en las más variadas de sus calles estrechas, y sin los servicios básicos de tratamiento de aguas negras y de suministro de agua potable.

Ha sido notable la proliferación de torres de más de 30 pisos abundan por todos los rincones del llamado polígono central, mostrando un gran atractivo para los inversionistas, que invierten cualquier cosa para después cobrar por igual a quienes atraídos por las alturas se sienten con elevados status para vivir en un ambiente de admiración social.

El polígono central se satura cada vez más, y por igual ocurre en la avenida Anacaona y en las urbanizaciones al norte de la misma, con excepción de Los Cacicazgos en donde sus moradores se resisten a ser invadidos por esas elevadas y costosas torres, sector donde se habla de construirlas hasta de cien pisos, cosa increíble para una municipalidad que no tiene recursos para atender las demandas que generarían edificios de tal altura.

La fisonomía de la capital se ha transformado en menos de una década. Aquel paisaje que se contemplaba casi plano cuando uno se acercaba desde la avenida de Las Américas a la ciudad, es hoy en día una serie de protuberancias de las más variadas dimensiones que, en lontananza, ofrecen al viajero una sensación de bienestar el ver crecer a la ciudad, pese que cuando se cruza alguno de los puentes del Ozama se tropieza con la miseria que arropa a miles de seres residiendo en condiciones infrahumanas, bañados por las insalubres aguas del río.

La prosperidad ha invadido a la ciudad. Ese polígono es un desafío para las autoridades que no han podido enfrentarse a ese crecimiento explosivo, ya que no existe un sistema de cloacas en toda el área y las tuberías de agua potable son insuficientes para cubrir la demanda. De ahí que la disposición de aguas negras tropieza con los pozos para extraer agua para el uso de las torres, con lo que se ha creado un peligroso círculo de insalubridad, que si todavía no ha ocurrido un severo incidente de higiene es quizás por la inmunización natural que brinda el clima tropical, evitando una ocurrencia catastrófica de salud.

Las autoridades deben preocuparse, no solo por la altura máxima que se puede construir en la ciudad, que para muchos no sería nunca de 100 pisos, para no descuidar los aspectos puntuales de que la mayoría de las torres están siendo ubicadas en zonas de calles estrechas y de difícil circulación. Además no hay agua suficiente para abastecer a esos edificios, así como la inexistencia de un sistema de cloacas que garantice una disposición final de las aguas servidas o aguas negras, para evitar un estallido cloacal de graves proporciones.