Víctimas de ayer, hoy y ¿siempre?

Analistas y “politólogos” de variada tendencia plantean que luce segura la reelección porque no hay crisis económica, evidenciando que ellos no la ven o están en el pequeño segmento poblacional cuyo estatus les permite no sentirla. Sin embargo, para los que no somos especialistas en economía y/o política, el supuesto equilibrio “macroeconómico” súper publicitado por el gobierno está sustentado en una cadena interminable de préstamos y/o financiamientos externos. En otras palabras, el progreso que algunos cacarean es prestado; nos estamos vistiendo con lo ajeno y, como reza el adagio, en cualquier momento en la calle nos desnudan.

Lo peor de todo es que la distribución de esos fondos prestados no alcanza a los pobres o marginados de nuestro país; se queda en las manos de contratistas, políticos, funcionarios gubernamentales y sus acólitos, pero la mayoría, la verdadera ciudadanía, no se beneficia de eso.

Muchas transacciones del gobierno se han realizado en base a convenios y contratos que posteriormente han mostrado ser leoninos (¡Barrick Gold!) pero las comisiones y fondos de subcontrataciones se han quedado en los bolsillos de los funcionarios que los hicieron y eso queda en el baúl de la historia como noticia pasada y olvidada, cosa que podría ocurrir con las plantas de carbón cuando la realidad económica y ambiental supere la fantasía que nos están vendiendo.

Si no existe una ley, debería plantearse la necesidad de que los delitos contra los bienes públicos no periman, que sea posible incautarlos y apresar a los ladrones no importa los años que medien entre el hecho y su comprobación. Si no pudo ser ayer, que sea ahora y para siempre.