Viena revive su pasado imperial con la elegancia y el glamur de sus bailes

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Viena. La ostentación, el glamur y la nostalgia por el esplendor perdido del Imperio Habsburgo se mezclan cada año en la temporada de bailes en Viena, con cientos de citas que van desde el clásico Baile de la Ópera, al solidario dedicado a los refugiados o el reivindicativo Baile del Arcoiris.

Aunque la estación de bailes se abre oficialmente en noviembre y tiene su momento álgido en febrero, a lo largo de todo el año en la capital austríaca se celebran más de 450 bailes, siempre al compás del vals vienés.   Los confiteros, los científicos, los periodistas, los ingenieros, los juristas, los farmacéuticos, los cazadores…

Prácticamente todos los gremios organizan su propio baile, una tradición que bajó a la calle desde los salones de la alta aristocracia cuando el emperador José II (1741-1790) autorizó los bailes públicos.   A falta este año del baile benéfico por excelencia, el “Baile de la Vida”, que recauda fondos para la lucha contra el sida, destaca el “Baile de los Refugiados”, el 13 de febrero en el Ayuntamiento.   Aunque desde 1995 la ONG “Casa de la Integración” organiza esta cita, la crisis de los refugiados que estalló el año pasado hace que la edición de este año sea muy especial.

“Es una manifestación contra la política actual de refugiados y también es un importante ingreso económico para la Casa de la Integración”, asegura Nikolaus Heinelt, uno de los organizadores.   Unos 30.000 asistentes y 30.000 euros de recaudación fueron las cifras del año pasado, que Heinelt espera volver a alcanzar ahora.

Atención psicológica para niños refugiados, asesoramiento jurídico o cursos de alemán para los solicitantes de asilo son los proyectos financiados con el dinero recaudado.   El “Baile del Arco Iris”, por su parte, dedicará los beneficios que el día 30 de enero dé su novena edición a diversos proyectos contra los prejuicios que sufren los homosexuales en Austria.