Vigencia de Marx

DIÓGENES CÉSPEDES
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En razón de que el modo de producción capitalista sobrevive todavía en gran parte del planeta, del marxismo científico solo queda en pie el discurso económico donde se analiza el capitalismo como sistema.

Es extraño, pero a la lingüística científica fundada por Ferdinand de Saussure, también le sobreviven cuatro conceptos fundamentales: el sistema, lo arbitrario del signo, el valor y el funcionamiento. Al ser histórico, ¿es también arbitrario el modo de producción capitalista? Sé que también tiene el capitalismo un modo de funcionamiento, pero ¿y el valor?

Caducaron para siempre los dogmas de que el marxismo poseía la verdad científica acerca de la historia, la filosofía, la literatura, la lógica, la lingüística, la política y las ciencias. La caída en bloque del antiguo campo socialista a partir de 1989 vino a demostrar que la caricatura de dictadura del proletariado se derrumbó debido a que la misma era de partido único y a la imposibilidad del cálculo económico. Lo demás es propaganda, argucia de profesores.

Surgió triunfante el bloque unipolar del capitalismo con la globalización, su ideología neoliberal y su cultura y literatura “light”, frívola. La caída de la máscara de lo que se llamó socialismo, vino a reconfirmar con más fuerza el libro fundamental de Marx, “El capital”, y obligó a los estudiosos a revisar sus páginas. He vuelto a revisarlas y me he detenido en el capítulo sobre la acumulación originaria para ver qué nos toca como país. No somos, se ha repetido hasta la saciedad, ni capitalistas  ni socialistas, pero me niego a aceptar las nociones con las cuales nos define el etno-eurocentrismo: subdesarrollados, del Tercer Mundo.

Al no ser ni una cosa ni la otra, encontré en Marx, sin eurocentrismo, una definición de lo que somos como país y aplicable a otras sociedades iguales a la nuestra: Los países secundarios o segundos. Dice Marx: “En la historia de la acumulación originaria hacen época todas las transformaciones que sirven de punto de apoyo a la naciente clase capitalista, y sobre todo los momentos en que grandes masas de hombres se ven despojadas repentina y violentamente de sus medios de producción para ser lanzadas al mercado de trabajo como proletarios libres, y privados de todo medio de vida. Sirve de base a todo este proceso la ‘expropiación que priva de su tierra al productor rural, al campesino’.

Su historia presenta una modalidad diversa en cada país, y en cada uno de ellos recorre las diferentes fases en distinta gradación y en épocas históricas diversas. Pero donde reviste su forma clásica es en Inglaterra, país que aquí tomamos, por tanto, como modelo.” (México: FCE, 1972, t.I, p. 609)

El proceso económico que describe la cita es el de la intervención norteamericana y la dictadura de Trujillo. Pero aun así: “La burguesía, que va ascendiendo, pero que aún no ha triunfado del todo, necesita y emplea todavía ‘el ‘poder del Estado’ para ‘regular’ los salarios, es decir, para sujetarlos dentro de los límites que convienen a los fabricantes de plusvalía y para alargar la ‘jornada de trabajo’ y mantener al mismo obrero en el ‘grado normal de subordinación’. Es este un factor esencial de la llamada acumulación originaria.” (Ibíd., 627-28).