Villegas representa a la Fundación Corripio en Feria del Libro Costa Rica

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El escritor Víctor Villegas participó como delegado de la Secretaría de Estado de Cultura, junto a una numerosa representación dominicana, así como en nombre de la Fundación y Editora Corripio, en la IX Feria Internacional del Libro de Costa Rica, dedicada a la República Dominicana.

El destacado escritor, junto a otros poetas, dio lectura a sus poemas de temática dominicana y colaboró con las demás actividades celebradas en el Pabellón Dominicano, en particular con la exposición dimensionada del libro dominicano, en la cual la música típica también transmitió de manera trascendental el sentimiento y la identidad de nuestro pueblo.

Programada con el título “La poesía dominicana y su renovación tardía en la modernidad”, le correspondió a Villegas su presentación, precedida del agradecimiento de la delegación y del pueblo dominicano por la distinción de dedicarle la IX Feria Internacional del Libro, así como por la solidaridad que siempre tuvo con nuestro país en los momentos difíciles de la dictadura de Trujillo, acogiendo sobre todo a nuestros exiliados, y de manera especial al Profesor Juan Bosch, quien allí vivió hasta el momento del ajusticiamiento del dictador.

Expresó que el tema a tratar comprendía un amplio espacio, imposible de cubrirlo en una conferencia, por lo cual fue una síntesis que planteó de la siguiente manera:

A su entender, modernidad poética y literaria abarca el período del surgimiento del simbolismo francés en el inicio de la segunda mitad del Siglo XIX y todas las subsiguientes escuelas, como el Modernismo de Rubén Darío, y las de vanguardia, tales el ultraísmo, el dadaísmo, el creacionismo, surrealismo, etc., hasta la actualidad. Sobre este particular señaló que fue un cambio profundo en el arte literario, sobre todo poético, realizado por Charles Baudelaire, Stephan Mallarmé, Paul Verlaine y Arthur Rimbaud, toda vez que su presencia fue reacción contra el neoclasicismo y el romanticismo, aunque estos se resistieron durante mucho tiempo a desaparecer hasta la primera mitad del Siglo XX, señalando que, de acuerdo con su criterio, esa escuela tuvo su origen y justificación en la transformadora etapa histórica que correspondió al Siglo XIX, conocida como la época de la revolución industrial, el inicio del capitalismo y mecanicismo. Similares cambios históricos se produjeron en la Edad Media, creadora de una clase media y de una poesía y literatura representativa de la misma, en el Renacimiento, en el barroquismo de 1595, precursor del romanticismo, donde éste tuvo un carácter político originalmente como oposición al poder real y a su rígido neoclasicismo que enfrentó la libertad emocional y espiritual de la escuela romántica.

A pesar de esos profundos cambios literarios y poéticos en Europa y en uno que otro excepcional país de América, así como la presencia de Rubén Darío en España a través de su modernismo, consecuencia de aquellos, los países de América Latina quedaron rezagados, lo que se explica por la no asimilación del desarrollo industrial y social, pero sobre todo por la ausencia, en sentido general, de una científica conciencia de lo que es el arte y en consecuencia de la poesía.

En el caso de la República Dominicana, la poesía del Siglo XIX de José Joaquín Pérez, Federico Henríquez y Carvajal, Salomé Ureña, César Nicolás Penson, Enrique Henríquez, Gastón Deligne, Pellerano Castro, Fabio Fiallo, Apolinar Perdomo, Altagracia Saviñón, Osvaldo Bazil, Pérez Alfonseca, Ligio Vizardi, etc., se mantuvo de manera preponderante, durante los primeros 40 años del Siglo XX, lo que significa: aislamiento de nuestro país de los más avanzados del mundo; muy poco desarrollo capitalista y predominio de la economía agrícola-campesina, a pesar de destacados y conocedores consagrados de la literatura, falta de conciencia profunda y verdadera de lo que es en sí mismo la poesía, sobre la cual predominaba la idea atrasada de que era pura emoción, intuición, sueño, inspiración, lo que llevaba a esos escritores a ser simples imitadores de lo tradicionalmente conocido, sin siquiera acercarse a la idea de la existencia de nuestro atrasado país que necesitaba modernizarse, para lo cual la poesía como conocimiento, absorción y visión, podía contribuir a ese cambio, posición que limitadamente intentaron el Vedrinismo y el Postumismo, e idea que el gran humanista Antonio Fernández Spencer la exponía así: “La poesía puede ser, con nobleza, un instrumento de combate, y, aunque la nobleza faltara, no puede demostrarse que su esencia quede desvinculada. Ahora bien, lo que le pido principalmente a cualquier poeta es que nos dé vida; pero vida individual e irrepetible”.

Estado de conciencia

Un restringido estado de conciencia de nuestro atraso y de la necesidad de que la República Dominicana se ubicara en el período histórico que le correspondía, comenzó a aparecer en la segunda mitad de la década del 30 y en la siguiente, del siglo XX, consecuencia del acercamiento por cierto no muy estrecho, a lo que significaron Rubén Darío, y luego Huidobro, Neruda, Martí, Silva, Vallejo, Churmacero, Gorostiza, Paz, Tablada, Lezama Lima, Villaurrutía, el Surrealismo, García Lorca, así como los grandes acontecimientos de esa época, como la guerra civil española cuyos exiliados en el país contribuyeron en gran medida a crearnos conciencia.

La Segunda Guerra Mundial y la total falta de libertad en nuestro pueblo por la tiranía trujillista, situaciones esas con las que se comenzó a ver y tratar de ampliar la vida de otra manera, a luchar por un cambio, y naturalmente por una nueva y transformadora cultura, y en particular de la poesía dominicana. Respecto de la poesía, aunque repetimos, tardía, sus primeros pasos contemporáneos se inician con los Nuevos de La Vega, de 1936: Rubén Suro, Mario A. Concepción, Arturo Calventi, etc.; con Los Independientes del 40, Héctor Incháustegui Cabral, Manuel del Cabral, Pedro Mir, Octavio Guzmán Carretero, Tomás Hernández Franco, Francisco Domínguez Charro y Carmen Natalia, y de manera ya formal y definitiva, con la aparición de La Poesía Sorprendida, revista literaria publicada de 1943 a 1947, y dirigida por Franklin Mieses Burgos, Freddy Gatón Arce, Antonio Fernández Spencer, Alberto Báez Flores, Eugenio Fernández Granell y Mariano Lebrón Saviñón. Su consigna fue POESIA CON EL HOMBRE UNIVERSAL y de las escuelas de vanguardia que más influyó en sus dirigentes y lectores fue el Surrealismo. De esa impactante transformación y modernización de la poesía dominicana, la denominada Generación del 48 no sólo asimiló el simbolismo y las escuelas subsecuentes, sino que le introdujo a su poesía el aspecto social-histórico dentro de su característica simbólica y de visión, lo cual identificó con su lema: POESIA DE LO DOMINICANO UNIVERSAL.