Viñetas de la solidaridad

Oficial de proyecto: represéntame en la reunión de mañana. Decidí quedarme dos días más en París, tengo entradas para el concierto de Paolo Conti. Reenvíame el texto del comunicado. Recuerda verificar si la casa en Romana tiene cuatro habitaciones, el marido de mi hija va. El Longines está precioso. Director Regional: todo listo para las vacaciones de diciembre. Nos vamos para Bariloche. Marcel dice que debes rehacer el presupuesto, los fondos no alcanzan, lo vi ayer en el desfile de modas. Coordinador residente: hablé con los corresponsales, el reportaje se publicará primero en Europa. Te llevo tus Cohíba Behike 54.

Sus intercambios son cosmopolitas, desenfadados. Saben que con mal o buen desempeño, sus retiros y ascensos están asegurados. Nadie habla, nadie denuncia. Disfrutan sus dispensas porque están convencidos de su importancia. Entre trufas, cavas, habanos, exhibición de relojes y fotografías en lugares paradisíacos, despliegan su misericordia. Sin ellos la humanidad peligra. Sus ventajas laborales los acercan a las élites de cualquier país y desde ahí es cómodo redactar textos y diseñar planes para transformar el planeta y acumular buena fama. Decir la verdad es intrascendente, no hay riesgo, como cuenta Eduardo Galeano de aquel ministro brasileño. El insolente, antes del inicio formal de una entrevista, le confesó al periodista: yo no tengo escrúpulos. Aquello fue divulgado urbi et orbe y el ministro no fue repudiado, al contrario, su desliz lo convirtió en secretario general de la Conferencia de NNUU para el Comercio y Desarrollo -UNCTAD-. Porque los organismos internacionales, las agencias estatales, las fundaciones y la mayoría del poderoso andamiaje de organizaciones no gubernamentales, presumen de lo que carecen. Sus funcionarios no soportarían el escrutinio que exigen. Pretenden normar y mantener un control antojadizo, acorde con sus reglas e intereses pero en sus predios no rige el método aprobado e impuesto para auscultar manejos públicos. El derroche ampara una soldadesca envanecida y protegida que decreta y amenaza. Sus dramáticas y periódicas evaluaciones sobre el desempeño de los gobiernos, se escriben gracias a costosas y lacayunas colaboraciones. No importa el daño que provoquen, jamás serán afectados. En el año 2005, Eric Frattini publicó, “ONU, Historia de la Corrupción”, el repaso de la obra, ocho años después, desarma. Nepotismo, espionaje, protección a criminales, escándalos sexuales, malversación, abuso de poder. Las denuncias se comentan, empero, continúa el dispendio, la manipulación y esa piadosa nomenclatura trasnacional pasea con desfachatez sus privilegios. Ordenan qué hacer, dónde invertir, a quién juzgar. Su estilo es despótico. Financian y los súbditos, acatan. No reparan en especificidades, Somalia es igual a Guatemala, Belice a Kosovo, Haití a Bluefileds. Utilizan un vocabulario uniforme para designar situaciones distintas. La etiqueta de apartheid, genocidio, hambruna, plaga, endémico, desastre, se estampa de manera arbitraria.

Se duelen, se conduelen. Lloran, motivan, mortifican, culpan. Proclaman, reclaman. Ninguno como ellos. Piadosos, sensibles. Recitan cifras, saben dónde se produce trigo, cacao, café orgánico. Quién se enferma y por qué, dónde hay agua potable y dónde falta, dónde racismo, dolor y desesperanza. Quién dispara y quién tortura. La burka, la ablación, el trabajo y la prostitución infantil, la libertad de prensa, la corrupción, los desvela. Redactan y empastan. De seminario en seminario, de taller en taller, conferencia tras conferencia, informe tras informe, cotejan evaluaciones del horror. Una hambruna por aquí, terremoto por allá, cólera y dengue más para acá. Compensan con hidroponía, alimentación macrobiótica, masajes y meditación. Las zonas libres de las terminales aeroportuarias se convierten en sus vecindarios. Aprenden a distraer el tedio de la espera escogiendo joyas y licores.

Solo ellos conocen la desventura y la solidaridad. Al día con lecturas y tecnología descansan volando. En sus asientos de primera recuperan fuerzas luego de jornadas extensas en áticos y bodegas. La inmunidad les permite encender chispas por doquier sin posibilidad de sanción o rendición de cuentas. Escuchan, traicionan. Cuando el fuego amenaza, callan o escapan, aunque desde lejos, insistan.