Violencia

“No tiene sentido graficar la ocurrencia de muertes versus tiempo a lo largo de los años que tiene la raza humana, desde el homínido a la fecha. Si descubrimos que la violencia ha declinado en una población determinada, es porque su modo de organización social ha cambiado, no porque un reloj ha marcado una cierta hora, ese cambio puede ocurrir en diferentes momentos, si acaso ocurre.

Tampoco debemos esperar la reducción de la violencia en forma continua por un simple cambio de nómadas cazadores y recolectores a complejas sociedades de tribus, de agricultores, o, a pequeños estados o grandes estados.” Steven Pinker, profesor de Harvard, en su libro: The Better Angels of Our Nature, why violence has declined (Los Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza, porque la violencia ha declinado).

En ese libro el citado profesor escribe sus conclusiones del estudio de la violencia a lo largo de la historia del homo sapiens y algo antes. Se apoya en libros tan serios como la Biblia, si bien expresa que sus textos no pueden tomarse literalmente, sí dibujan la era en que fueron escritos el Viejo (1,500 AC) y el Nuevo Testamento (60-200 DC). Asimismo, en estudios antropológicos que cita y discute prolijamente. No deja de lado los datos históricos documentados desde hace muchos siglos. Explica, además, la forma cómo calculó la violencia en porcentajes y tasas. Lamentablemente son detalles ex artículo.

Si Steven Pinker tiene razón en lo que concluye, la violencia (muertes, asaltos, robos, violaciones, raptos) va íntimamente ligada al cambio de organización social. A lo que llamaríamos nivel de civismo de un pueblo. Sus investigaciones, contrariamente a la apariencia, lo llevan a afirmar que la violencia en el mundo se ha reducido.

También señala el Dr. Pinker que muy bien puede haber disminución de la violencia en un pueblo y ésa, ser seguida por un aumento. Los pueblos europeos podrían citarse como un ejemplo de aumentos y disminuciones, hubo unos años oscuros en la Edad Media y en el siglo XVII con las guerras religiosas. Los señores se la pasaban matándose unos a otros, conquistando espacios. Luego, estas matanzas se amortiguaron entre tiempos y en la primera mitad del siglo XX, por megalomanías injustificables, se desataron dos cruentas guerras; afortunadamente, Europa aprendió la lección del inicio del siglo pasado y ha reducido sus niveles de violencia. Específicamente, Alemania la gran agresora, ha tomado la decisión de no participar en las intervenciones estadounidenses en Asia Central, cercano oriente, ni en ningún otro lugar; aunque a veces las presiones han sido inmensas y la han obligado a hacer mínimas “contribuciones”.

En años recientes, en la República Dominicana la violencia ha aumentado a niveles alocados, verdaderamente sanguinarios: muertes por un parqueo, por una discusión de tránsito, naturalmente también por robos aún después que el ladrón tenía su objetivo logrado. Cada día, los medios de comunicación traen un catálogo de barbaridades que apenas se pueden creer.

El profesor Pinker diría que en la RD ha tenido efecto un cambio contundente en la organización social. Si esto es cierto, el problema no se resuelve con violencia, sea ésta más años de cárcel, intercambio   de disparos o brutalidad alguna; el problema es de pensar y diseñar medidas que ataquen la desorganización social que hemos sufrido y la reviertan. De lo contrario, no estará lejos el momento, si no está aquí ya, en que nos “comeremos unos a otros”, y, no sabremos por qué.

Los cientistas sociales del país, en el gobierno, en las universidades o privados, tienen aquí un enorme campo de estudio: calcular nuestra violencia y proponer medidas que nos vuelvan a transitar con seguridad, nos devuelvan el sosiego y la paz.