No violencia contra la mujer

Tres dominicanas, indefensas en manos de verdugos de la tiranía derramaron su sangre para que este país fuera libre y para que esta fecha, universal del género humano, esté consagrada a la lucha contra la violencia machista que cuesta cada año miles de vidas a madres, novias o simplemente a seres pretendidos por bestias masculinas. República Dominicana recuerda hoy el martirio de las Hermanas Mirabal y de su chofer Rufino de la Cruz, uno de los crímenes colectivos más horrendos de Trujillo, suficiente para que por todo el tiempo que le resta a la humanidad, la barbarie de los métodos trujillistas estén bajo condena para que no puedan repetirse.

Pero otros dominicanos han seguido matando mujeres. Estamos sometidos todavía a una cultura de individuos que ven a la esposa, a la novia o a la pretendida como mero objeto sometido al macho so pena de la vida. Tenemos que crear una sociedad de respeto a la libertad y la vida de la mujer. Tenemos que reforzar la protección a nuestras compañeras de viaje por la vida.

Afinar la capacidad de reacción rápida a la inminencia de feminicidios que por momentos adquieren carácter epidémico. Miles de asesinatos de mujeres ocurridos en últimos años calaron el corazón mismo de la colectividad dominicana y deberían avergonzarnos como país. Cabe reconocer los esfuerzos oficiales por reducir el mal.

TOMANDO EL TORO POR LOS CUERNOS

Ojalá que lo que está pasando en la avenida Venezuela del ensanche Ozama (zona del desbordamiento alcohólico y libertinaje) y en el Centro de los Héroes, lugares en que autoridades pusieron un ¡alto ahí! al estacionamiento sin orden de vehículos, sea el comienzo de un empoderamiento responsable y permanente contra abusivas invasiones de espacios y obstrucciones al tránsito.

Sabemos que en esta congestionada ciudad son escasos los lugares para estacionarse “con toda la facilidad y cerca del lugar de destino”, como prefieren no pocos automovilistas. Pero también sabemos que por mal hábito y porque las autoridades han sido débiles, demasiado gente invade aceras y márgenes viales violando el derecho a transitar de peatones y de otros automovilistas, infractores que han venido colocando su propia comodidad por encima del interés público. Además debe incentivarse la inversión en estacionamientos urbanos.