Violencia contra los pacientes

Los atrasos en la entrega de las insuficientes subvenciones mantienen a los hospitales del Distrito Nacional y el Gran Santo Domingo en estado de postración, con cuantiosas deudas y los créditos restringidos. Mantener estos centros en esta situación es la manera más cruel de ejercer violencia contra las personas que necesitan de sus servicios. Las deudas del conjunto de establecimientos de las demarcaciones señaladas sobrepasan los RD$1,600 millones y los atrasos en la entrega de subvenciones datan desde agosto del presente año.
Pero eso no es todo. En la mayoría de los casos estos hospitales no reciben completas las respectivas subvenciones -insuficientes- que tienen asignadas en el Presupuesto General del Estado. Un caso de muestra es el del Doctor Vinicio Calventi, que desde hace nueve años recibe RD$23 millones a pesar de que necesita RD$35 millones. Sus deudas superan los RD$260 millones y su crédito está restringido debido al déficit financiero que arrastra.
La otra cara del problema es que la estrechez financiera se agudiza en la medida en que los hospitales necesitan más recursos para hacerle frente al incremento de la demanda de servicios por parte de la población. Estas restricciones atentan contra la capacidad operativa y la calidad de los servicios. Estamos ante una manera cruel de ejercer violencia contra los más necesitados.

Igualdad entre pobres y ricos

Si algo comparten por igual algunos pobres y ricos en este país, es la impunidad para violar las leyes que prohiben la explotación de áreas protegidas mediante prácticas agrícolas insostenibles. Valle Nuevo y Los Haitises son dos santuarios ambientales protegidos por leyes, pero en ambas zonas se practica la agricultura prohibida. El Ministerio de Medio Ambiente emplazó a quienes ocupan Valle Nuevo para que cesen sus actividades, y no sabemos qué hará para tratar de lograr algo similar en Los Haitises.
La cuestión es que gente con poder económico por un lado, y agricultores pobres, sin tierra, coinciden en cometer la misma violación. Falta por ver cómo se distribuirá -si es que se hace- el peso de las consecuencias entre unos y otros, pero no descartemos que triunfe nuevamente la impunidad.