Vivencias, (y 5)

“Quien se acerca a la iglesia debe encontrar puertas abiertas y no fiscales de la fe”.
“Necesitamos santos sin velo, sin sotana. Necesitamos santos de jeans y zapatillas.
Necesitamos santos que vayan al cine, escuchen música y paseen con sus amigos.
Necesitamos santos que coloquen a Dios en primer lugar y que sobresalgan en la Universidad.
Necesitamos santos que busquen tiempo para rezar cada día y que sepan enamorarse en la pureza y castidad, o que consagren su castidad.
Necesitamos santos modernos, santos del siglo XXI con una espiritualidad insertada en nuestro tiempo.
Necesitamos santos comprometidos con los pobres y los necesarios cambios sociales.
Necesitamos santos que vivan en el mundo, se santifiquen en el mundo y que no tengan miedo de vivir en el mundo.
Necesitamos santos que tomen Coca Cola y coman hot-dogs, que sean internautas, que escuchen iPod.
Necesitamos santos que amen la Eucaristía y que no tengan vergüenza de tomar una cerveza o comer pizza el fin de semana con los amigos.
Necesitamos santos a los que les guste el cine, el teatro, la música, la danza, el deporte.
Necesitamos santos sociables, abiertos, normales, amigos, alegres, compañeros.
Necesitamos santos que estén en el mundo y que sepan saborear las cosas puras y buenas del mundo, pero sin ser mundanos”.

Esos tenemos que ser nosotros!!! Papa Francisco
Con este artículo finalizo esta serie. Cinco entregas que abordaban inquietudes y reflexiones sobre la vida. Sé que existen algunos de mis lectores que prefieren a la mujer-escritora académica. Ellos consideran que esos temas tan humanos y personales deben ser tratados en otros escenarios. Otros, sin embargo, prefieren las reflexiones nacidas desde el fondo de mi alma, porque, y así me lo han expresado, pueden hacer lecturas de sus propias existencias. En fin, es imposible complacer tanta diversidad.

Desde muy joven milité siempre en organizaciones juveniles de la Iglesia Católica: la Juventud Estudiantil Católica (JEC) y la Pastoral Juvenil. Desde este compromiso, intentaba que mi fe tuviese un referente real, que no fuese solo un diálogo silencioso entre mi alma y la trascendencia. Creía, y lo creo todavía, que ser cristiano es algo más que la misa dominical, es una forma de vida en que la creencia en las enseñanzas de Jesucristo no debe limitarse al rezo memorizado o a la limosna de lo que nos sobra. Ser cristiano es además una forma de vida en que la solidaridad con los más necesitados, el compromiso con la construcción de una sociedad mejor deberían ser también elementos claves.

En los años de mi adolescencia la Semana Santa o Semana Mayor se manifestaba en múltiples actividades dirigidas a los jóvenes. Era sentir en carne propia el sufrimiento y muerte de Cristo. La diversión se dejaba para el domingo, cuando se producía el milagro de la resurrección. Lo mismo ocurría con las otras festividades religiosas.

Sin embargo, he visto con tristeza y preocupación dos grandes problemas: Por un lado, cómo la Semana Santa es la menos santa de todas las semanas del año. Y por el otro, cómo han proliferado denominaciones religiosas. Muchos de mis amigos, otrora fervientes católicos comprometidos, han abandonado el catolicismo para irse a diversas iglesias protestantes. ¿Por qué? Esa es la gran pregunta, que amerita una sincera reflexión antes de ser respondida.

Creo que la Iglesia, nuestra Iglesia Católica, debe hacer un acto de autocrítica y auto reflexión profunda. Los escándalos de abusos de sacerdotes a niños inocentes en los Estados Unidos y en otros países, pero sobre todo, el escándalo que sacudió al mundo cuando el enviado del Santo Padre en nuestro país, más que enviado de Dios, parecería que fue enviado por el demonio mismo. Era un depravado pedófilo. Su nombre ni lo quiero mencionar.

Gracias al cielo, se abre una esperanza. El Papa Francisco, el primer latinoamericano que es designado Sumo Pontífice ha iniciado una renovación de la Iglesia. Ha sido crítico con los pecados y agravios que ha cometido la institución misma, pero sobre todo, ha abierto su corazón a sectores excluidos y a temas considerados prohibidos. Cada frase, cada reflexión, cada discurso es una oda a la reconciliación, a la autocrítica y al respeto a las diferencias.

Su histórica visita a Cuba y a Estados Unidos fue una enseñanza de humildad. No titubeó en pronunciarse en contra de los sacerdotes pederastas, y así, frente a los obispos norteamericanos dijo:

Dios llora. Los crímenes contra menores no pueden ser mantenidos en secreto por más tiempo… Me comprometo a la celosa vigilancia de la Iglesia para proteger a los menores y prometo que todos los responsables rendirán cuenta…

Y enseñó con el ejemplo lo que significa la humildad. Mientras los grandes vehículos transitaban a toda velocidad, el papa se trasladaba en un pequeño auto Fiat azul oscuro. Visitó el Congreso, es cierto y allí pronunció un histórico discurso, pero sobre todo, fue a donde los pobres y marginados: visito la cárcel, fue a barrios de los más pobres en New York. Y en la ONU pronunció un duro y conmovedor discurso acusando directamente a los más poderosos de ser responsables, por sus ambiciones desmedidas, de que la pobreza no ha podido ser superada y que importaba más la acumulación de riquezas que el daño que infligido a la naturaleza. Y en Filadelfia, en el lugar donde se proclamó la Independencia de los Estados Unidos, le habló a los migrantes y les pidió que no se desesperaran.

A sabiendas que su misión es peligrosa, pues sabe que hay sectores dentro de la Iglesia misma que no aceptan su visión del mundo y de las cosas, termina siempre diciendo: “Recen por mí.”

Querido Papa Francisco, rezo por ti todas las noches cuando me acuesto. Cada día busco tus reflexiones para alimentar la esperanza que había perdido hace unos años. Solo le pido a Dios que te deje muchos años de vida, y sobre todo, que los cambios que estás introduciendo, que los paradigmas que estás rompiendo, que la nueva doctrina que estás imponiendo sea permanente para la Iglesia Católica, nuestra Iglesia, pueda verdaderamente renovarse. Quizás así, muchos de sus hijos vuelvan a la casa nuevamente. Gracias por EXISTIR Y POR SER COMO ERES SANTO PADRE. Finalizo con un extracto de tus palabras el día en que fuiste elegido como nuestro Sumo Pontífice el 14 de marzo del año 2013:

“Ustedes saben que el deber del Cónclave es dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo… pero estamos aquí… Les agradezco la acogida”….
“Y ahora, comenzamos nuestro camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de hermandad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Rezamos por todo el mundo, para que haya una gran hermandad”….

“Auguro que este camino de Iglesia, que hoy comenzamos y en el que me ayudará mi Cardenal Vicario, aquí presente, sea fructífero para la evangelización de esta ciudad tan bella”. “Recen a Dios por mí.”