Viviendo sobre un carrusel de eternos absurdos

Los caballos giran y giran sin parar. Suben, bajan y, al compás de la música, nos invitan a olvidar. La función ha de comenzar. ¡Bienvenidos a la feria, al circo… a todo lo ridículo!

Esta semana, nueva vez, la sociedad dominicana hace galas de su mediocridad y se sube al andén del infortunio para demostrar cuán viles y absurdos podemos ser. Ayer, por ejemplo, veíamos cómo el morbo se exacerbaba ante tal punto que la llegada del embajador de Estados Unidos, James (Wally) Brewster y su esposo Bob Satawake desplazó de la opinión pública un tema que jamás debemos soltar: el atentado cometido por el “empresario” José del Carmen Cruz, quien vendía medicamentos vencidos cambiándoles las etiquetas.

Cruz, un dirigente reformista, es el propietario de las farmacéuticas Yomifar, Jones Farmacéutica y la Distribuidora Guifar y le vendía medicinas a Promese, lo que quiere decir que engañó al Estado y jugó con la vida de los más pobres. Por ello, me parece insufrible que pese más la orientación sexual de un embajador -algo que sólo le atañe a él- que esa estafa criminal. Aunque no extraña porque los dominicanos somos especialistas en perder la perspectiva, cabe insistir en este caso para evitar que Cruz se ampare en sus relaciones políticas y evite ser ejemplarmente castigado.

No sería raro que la política se imponga ante la razón y la vida de la gente. Ya acaba de suceder con la sentencia del Tribunal Constitucional que, por demás, nos ha traído el primer tropezón: el rechazo del Caricom. Mañana pueden venir nuevas sanciones. Pero, ¿qué importa? ¡Qué viva el circo y que vivan los retrógradas absurdos!