Vivir soñando

SERGIO SARITA VALDEZ
0Vivo porque sueño, en tanto que sueño porque vivo. Soñar es vislumbrar el mundo al que aspiramos, contemplar en el horizonte el mañana que ansiamos, anhelar poder cambiar lo amargo por lo dulce, lo enfermo por lo sano, lo triste por lo alegre, lo viejo por lo nuevo, lo grotesco por lo suave, la hipocresía por la sinceridad, en fin, lo malo por lo bueno.

Querer cambiar la guerra por la paz y el homicidio por la muerte natural en paz, eso es soñar. Desear el bien a los demás y tener la voluntad de llegar al sacrificio máximo en pos del bienestar común eso también es soñar. Luchar contra el hambre y las enfermedades, resistirse a la injusticia y a pactar con el crimen y la impunidad, el engaño, la traición, la mentira y el latrocinio, significa soñar en grande.

Dedicar las energías vitales a construir la ciudad de los padres y de las madres, de los hijos y las hijas, de las hermanas y hermanos, de los esposos y esposas, amigos, amigas y amantes, de los niños y las niñas, de los jóvenes, adultos y ancianos, eso, de nuevo, es soñar. Negarse a eternizar la pobreza, el hacinamiento humano, el desempleo y el analfabetismo, no es sino el agradable sueño que acompaña a las almas y a los corazones rebeldes que no se rinden ante la apatía y el desdén de cuantos caminan de reversa al tiempo y opuestos en el espacio a la marcha ascendente de la historia.

Volar sin alas, poder sin fuerzas, ver sin ojos, oír donde no hay ruido, pensar en la locura, cantar sin la garganta, dormir despierto, suspirar sin respirar, andar sin moverse, reírle a tristeza, cantarle al dolor y sentirse libre frente al carcelero implica soñar.

Viviré moviendo cielo y tierra tratando de convencer a los muchos de que es posible un mundo mejor, en donde día a día veamos reducir nuestras vergonzosas tasas de mortalidad y de morbilidad, de asesinatos, de violaciones sexuales, abuso al menor y maltrato casero. Seguiré oponiendo mis agotables fuerzas a todas las modalidades de crímenes, afrentas y humillaciones sociales vengan de donde vengan. No negociaré el compromiso de denunciar y combatir la violencia y las distintas formas de opresión que siembran luto, llanto, miseria, delincuencia, e inseguridad por doquier.

Porque he sido y soy un perenne creyente en que juntos podemos construir una sociedad más justa, con igualdad de oportunidades para quienes deseen poner a prueba sus aptitudes y capacidades genéticas con que la madre naturaleza les dotó, pienso que soy un soñador impenitente. Cabalgaré día y noche sobre mi Rocinante, reservando las madrugadas para refrescar mis sueños y justo al amanecer entregaré a mi Dulcinea el producto de mis trabajadas neuronas.

Sellado está el destino del mensajero portador: no habrá descanso, ninguna interrupción es permisible, tampoco hay parada en la ruta hacia la meta libremente escogida. Sin desmayo caminaremos hasta el sepulcro llevando sobre los hombros la bandera del soldado de la patria que nos legaron  Cristo el redentor, Juan Pablo Duarte el fundador, Gregorio Luperón, restaurador y Juan Bosch el ejemplo guía de honestidad, seriedad y compromiso con su pueblo.

Para la fecha en que nuestra corteza cerebral haya perdido su capacidad de soñar habremos dejado de vivir. Para ese entonces es seguro que otras manos retomarán nuestra antorcha mágica del dulce sueño de la noche sin estaciones, a fin de seguir alumbrando el camino del paraíso terrenal.