Alegría

Formidable drama es “El beso de la mujer araña”

Formidable drama es “El beso de la mujer araña”

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Sigue los fines de semana en el Teatro Nacional, con producción de Guillermo Cordero. Cecilia García protagoniza acompañada de un selecto elenco

POR CARMEN HEREDIA DE GUERRERO

Los dominicanos ya no tenemos que ir a Broadway para presenciar un musical de calidad. Con la formidable puesta en escena en el Teatro Nacional del drama musical “El beso de la mujer araña, producido y dirigido por Guillermo Cordero y un elenco de primeras figuras, entre las que destacan en primer orden, Cecilia García, Carlos Espinal y Juan Tomás Reyes, queda demostrado el alto nivel alcanzado por este género en el país. El público que acudió la primera noche premió con sus calurosos aplausos la excelencia del musical.

“El beso de la mujer araña”, novela del dramaturgo argentino Manuel Puig, fue publicada en el 1976 fuera de su país, donde estuvo prohibida por la dictadura militar. La novela está estructurada a base de escenas sucesivas en las que dialogan dos presos, un homosexual y un revolucionario, que comparten una misma celda. La técnica innovadora utilizada por el autor en su novela, en la que elimina el narrador, común intermediario entre el lector y la historia ficticia, es una muestra clara de la influencia sobre Puig del discurso fílmico. De ahí la facilidad con que su novela fuera adaptada al cine con notable éxito por el director Héctor Babenco. Más adelante como texto teatral, con igual resultante fue llevada a la escena, y luego convertida en un drama musical, merecedor de grandes reconocimientos. Puig utiliza con singular maestría un arma poderosa: el diálogo continuo. La comunicación permite a los presos crear un espacio lúdico, onírico e irónico, donde se soporta el aislamiento y la monotonía, y al mismo tiempo les permite conocerse, enfrentar sus perspectivas hasta lograr cada uno entender el punto de vista del otro. Entre Molina y Valentín hay una confrontación entre realidad y fantasía, que conforman dos planos: el real y presente que es la cárcel, y el imaginario creado por las historias sobre películas, narradas por el primero.

Ese mundo de fantasía está dominado por Aurora, su diva favorita, y por la Mujer Araña, quien con su capacidad creadora de tejer envuelve a todos en su fatídica red. Seductora, enigmática, misteriosa, astuta y desconfiada, la Mujer Araña es símbolo de la muerte.

LA PUESTA EN ESCENA

El éxito de esta puesta en escena radica en primer lugar, en el talento de sus creadores capaces de llevar los elementos de la narrativa al lenguaje escénico. Para reproducir la dualidad del cosmos creado por Puig, Rolando Giubilei para el plano real, se vale de una imponente escenografía central con enormes rejas móviles, que recrean el sombrío espacio carcelario, y permiten además, con sus desplazamientos, delimitar los ambientes de las diferentes escenas; el plano irreal se construye en gran medida, con la proyección de imágenes gigantes que rompen la monotonía cromática creando esa atmósfera mágica, surrealista, que predomina en el musical. Por otra parte, el libreto de Terrence McNally recoge el espíritu de la novela donde el tema político poco común en los musicales a excepción de Cabaret y “Evita”, está implícito, y en los diálogos se maneja el morbo con pinceladas de humor. La música de John Kander, hermosa, sugerente, juega un papel protagónico.

Conciliados los efectos visuales, la gran tramoya el texto y la música, los actores, protagonistas insustituibles nos cuentan el relato. Entre Carlos Espinal -Molina- y Juan Tomás Reyes -Valentín- se produce una excelente dialéctica actoral. Carlos Espinal con gran capacidad creativa logra estructurar el personaje, permitiendo que asomen sus diferentes facetas. La calidez de su actuación muestra al verdadero Molina, y permite conocer al hombre noble, tierno, sensible y leal, más allá del díscolo decorador de vitrinas. Los amaneramientos muy bien manejados, y las dosis de humor y dramatismo logran que nos identifiquemos con el personaje. Destaca además Espinal en el canto, donde deja escuchar su voz agradable y musical. No creemos exagerar al decir que es la mejor actuación de su carrera. Juan Tomás Reyes produce una actuación muy buena, consigue proyectar al esquivo revolucionario. Su introspección logra el contraste entre Valentín y Molina. En las partes cantadas se eleva, dejando escuchar su voz diáfana y potente. El centro del espectáculo es dominado por la presencia de Aurora y la Mujer Araña, personajes productos de la fantasía. La versatilidad de Cecilia García se pone de manifiesto en cada entrega. Como gran diva del vodevil, Aurora se pavonea en la escena y encanta, la Mujer Araña atrae, su mirada enigmática seduce y su cambiante figura cautiva. La personalidad de Cecilia García es poderosa, se desplaza con gracia y domina la escena, y su voz de hermosos matices es parte del hechizo.

“La madre” de Molina, es un personaje de profundo significado, la relación entre ellos es hermosa. La interpretación que hace Ivonne Haza de este personaje es excelente. Cuando interviene en el cuarteto “Querido” junto a Molina, Valentín y Martha -Dolly García- se produce una de las escenas cantadas más importantes; al interpretar con gran sentimiento “No me abochornaste” logra el momento lírico más alto, y junto a Molina, en la “despedida” producen la escena más dramática y enternecedora. El alcalde de la cárcel de acusado sadismo, encuentra un intérprete excepcional, Iván García, así también sus adláteres, -Esteban y Marco- Miguel Ángel Martínez y Orestes Amador, respectivamente. Eddy Manuel tiene una destacada participación en su breve intervención como Gabriel, donde deja escuchar su melodiosa voz.

Cada escena del musical es interesante y visualmente muy atractiva, pero por sus características muy particulares, la escena de la “Película Rusa” es la de mayor significado y en la que Aurora logra mayor dimensión. Por su parte, Valentín se crece al interpretar “Ese día vendrá”. Resulta muy efectista y significativa la participación del coro de los familiares de los presos políticos, con sus fotografías y velas encendidas, que nos remiten sin lugar a dudas a las “madres de la plaza de mayo”.

Otros elementos importantes a destacar son: el “coro de presos”, las coreografías atractivas de Guillermo Cordero e Ivan Tejada, el vestuario diseñado por Jorge Diep para la Mujer Araña y las luces de Bienvenido Miranda. La orquesta conducida por Dante Cucurullo es otro elemento a destacar. La dirección actoral de Verónica López y la coral de Nadia Incola, logran con brillantez su cometido. El cierre es espectacular, la escena se cubre de esa red en espiral en la que quedamos atrapados todos.

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