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A Aquiles Azar le hubiera gustado que una exposición suya se celebrase en homenaje a la catedral “Notre-Dame de París”, parcialmente incendiada.

Así sucedió cuando presentaron aquí las famosas gárgolas, fotografiadas por Tony Fondeur, bocetadas por Aquiles Azar, en julio del año pasado. Si no asistió Aquiles en presencia, su alma acompañaba la muestra…

Aquiles Azar iba a cumplir 83 años en 2015, faltando solamente siete meses para el esperado aniversario. El dibujo ilustró prácticamente ocho décadas de su vida, pues la vocación surgió muy precoz, cuando él era un infante.

Perfil de una vida. Odontólogo y artista con formación completa en ambas carreras, Aquiles Azar, capitaleño de nacimiento, se entregó a dos ramas profesionales, a las cuales agregaremos la literatura – cuento y poesía – y el coleccionismo, de caracoles especialmente. Además, disfrutaba como nadie la belleza de un objeto, la nobleza de un monumento, los encantos de la naturaleza.
El fue miembro activo de los movimientos culturales post-trujillistas por íntima convicción. Su compromiso con el arte era tal que participó en prácticamente todos los concursos y bienales nacionales hasta en sus años postrimeros…

De inmensa modestia, se sorprendía cuando le rendían homenaje: así cuando le dedicaron la última edición del tile cerámico de Thimo Pimentel, o cuando a unanimidad le otorgaron el Premio Nacional de la Fundación Corripio en Arte, máximo y más reciente galardón entre varios.
Otro rasgo notable fue la frecuencia de sus exposiciones individuales, que sobrepasaron bastante la centena, sin contar una participación incontable en muestras colectivas, siempre por principio, pues él creía que la maestría implicaba el apoyo a los demás artistas.


Lo que nos parece también excepcional es que Aquiles Azar “cerró” el oficio y la práctica de la odontología a pesar de su éxito, para dedicarse totalmente al arte. Fue como un llamado irresistible. Varias horas al día, él dibujaba con pasión, compulsivo y feliz, aun cuando sus fuerzas apenas resistían el ardor de los trazos… No podemos recordar a Aquiles sin “verlo” cuaderno en mano. Su voz también era inconfundible.


Cientos de artículos y ensayos comentaron las obras de Aquiles Azar, y Myrna Guerrero escribió “Aquiles Azar: pasión y fidelidad a la expresión en el dibujo”. En capítulos y páginas, la emoción se alía con el análisis: aquella calificación de “grafismo lírico” es la que mejor define la expresión del gran artista.

Una obra singular. Aquiles Azar se hizo más actual al filo de los años y de la madurez. No sucede a menudo. Por ello, le comparamos con otro maestro dominicano, Darío Suro, volviéndose cada vez más atrevido y liberado…


Fue uno de los mejores dibujantes nuestros, hasta la obsesión… Si el soporte favorito era el papel, también “trazaba” en la piedra, la madera, la cerámica –una de sus últimas pasiones-. Para Aquiles, todas las dimensiones se valían, hasta la miniatura, todas le procuraban igual placer, todas transmitían el mismo virtuosismo, y su adhesión al expresionismo, corriente del sentimiento y la libertad, tampoco varió.


Ahora bien, Aquiles Azar no olvidó la formación de pintor: su factura pictórica, pincelada o brochazo, transmitía energía y emoción social aun, así en los payasos. Sus modelos imaginarios abarcaron la flora, la fauna –lechuzas y aves incomparables- y la condición humana. Sicólogo entonces, el dibujante plasmaba el dolor, el morbo, la desgracia exterior e interior.

No faltó el bodegón: las botellas de Aquiles fueron únicas, vitales, movedizas, inquietas, ¡vueltas casi personajes y jamás naturaleza muerta!


Figurativo por definición, se lanzó tarde a la abstracción, pasándole igual que a Ramón Oviedo. En síntesis, Aquiles Azar “adelantó” el arte contemporáneo, un arte que siempre se hace y se va rehaciendo….


Cinco años después de su partida, él está con nosotros: Doña Asia, compañera ejemplar, mantiene viva la llama del patrimonio creativo que él nos ha legado.

Sobre el autor

MARIANNE DE TOLENTINO

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