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COMALA (MÉXICO).- Comala es el nombre mágico de un pueblo. Mítico y desolado en el mapa de la literatura, pero real y lleno de vida en la geografía de México. Hace 50 años Juan Rulfo tomó su nombre para usarlo en la novela Pedro Páramo, su obra cumbre. Le gustó como sonaba y puso a los muertos a susurrar entre sus muros.

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”, dice el personaje de Juan Preciado en la primera frase del libro, que vio la luz el 19 de marzo de 1955 y rompió estructuras en las letras latinoamericanas.

A diferencia del Macondo de Gabriel García Márquez o el condado de Yoknapatawpha de William Faulkner, dos lugares emblemáticos de la literatura, el pueblo de Rulfo (1917-1986) existía desde antes, aunque sin parecerse al que sirve de escenario a la novela.

La verdadera Comala, unos 680 kilómetros al noroeste de Ciudad de México, es una población de casas de adobe, rodeada de huertos frutales y cafetaleros, que está en el estado de Colima, cerca de las playas del Pacífico.

Descansa bajo la sombra de dos volcanes: el Nevado de Colima, inactivo, y el Volcán de Fuego, un coloso de 3.960 metros con fumarolas continuas, que figura entre los diez más activos del mundo.

Hasta ahí llegan los turistas, algunos tras las huellas de Rulfo y otros sin haber oído jamás su nombre, a dar la vuelta por la Plaza Principal y a curiosear por los alrededores, colándose sin permiso en las casas de puertas abiertas de los lugareños para admirar sus patios interiores.

Rulfo, que viajó mucho por México cuando trabajaba como vendedor de la compañía de neumáticos Goodrich-Euzkadi, conocía bien esta región, entre otras razones porque nació y se crió del otro lado de los volcanes y porque su padrino fue párroco de la iglesia de Comala, San Miguel Arcángel.

Pero cuando escogió el nombre de Comala, “no estaba haciendo un trabajo de geografía”, dijo a dpa Víctor Jiménez, que conoció personalmente al escritor y preside ahora la Fundación Juan Rulfo.

“Simplemente le gustó el nombre. En 1954 incluso publica una versión preliminar de la novela y el nombre del pueblo todavía no es Comala, sino Tuxcacuesco”, indicó.

El Comala desierto al que llega Juan Preciado es sinónimo de muerte, devastación y desesperanza. En la ficción, a lo sumo podrían adivinarse reminiscencias de la Comala real en el lugar idílico que la madre de Juan Preciado evocaba desde la nostalgia:

“Hay allí, pasando el puerto de Los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche”.

El pueblo de Comala, situado dentro del municipio del mismo nombre, es uno de los 18 Pueblos Mágicos de México reconocidos por la Secretaría de Turismo.

Sus paisajes y tradiciones han servido de inspiración a cineastas, artistas y literatos, muchos de los cuales optaron por quedarse a vivir en la zona.

50 aniversario de Pedro Páramo

Para el 50 aniversario de “Pedro Páramo”, Comala celebra desde ayer y hasta el sábado 19 de este mes un homenaje literario, artístico y cinematográfico titulado “Mítica Comala”, en el cual se honrará tanto a Rulfo como al cineasta Alberto Isaac (1925-1998), que residió y se inspiró en el pueblo.

Según la directora de Cultura del municipio, Claudia Peña, “hay que reconocer que existe un Comala distinto después de Juan Rulfo, pero también hay un Comala antes de Rulfo, porque ésta es una región con un sustento histórico-cultural muy fuerte”.

Las autoridades locales le pusieron el apodo de Pueblo Blanco de América, a pesar de que sus cerca de 12.000 habitantes perdieron ya la tradición de pintar las casas de ese color, salvo en las calles aledañas a la pequeña plaza céntrica.

Pero, además de la localidad principal, dentro del municipio de Comala existen otros puntos de interés turístico como Suchitlán, un pueblo de tradiciones indígenas, o la ex Hacienda de Nogueras, donde vivió y trabajó el diseñador, ilustrador y coleccionista Alejandro Rangel Hidalgo.

Real o mítica, con un pasado propio al margen de Juan Rulfo, Comala traspasó las páginas de los libros y se universalizó gracias a “Pedro Páramo”.

Y en una entrevista que le hicieron en 1979 le comentaron a Rulfo que algunos investigadores andaban buscando ese pueblo.

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