Vivir

Arte y reflexión contemporánea

Mario Dávalos inaugura este jueves «Todas las manifestaciones del agua» en el Museo de Arte Moderno

La muestra estará desde el 19 de febrero hasta el 19 de abril y la inauguración será abierta al público.

«Todas las manifestaciones del agua»Fuente externa

Publicado por

Creado:

Actualizado:

El próximo 19 de febrero de 2026, a las 7:00 p.m., el artista dominicano Mario Dávalos inaugurará la exposición Todas las manifestaciones del agua en el Museo de Arte Moderno, donde permanecerá abierta al público hasta el 19 de abril.

La muestra presentada por Heliconia Projects, curada por Sara Hermann y museografía de Orlando Isaac, reúne un conjunto de pinturas que exploran el agua no solo como elemento natural, sino como materia simbólica, psicológica y cultural. A través de paisajes ambiguos, entre lo orgánico y lo artificial, lo sagrado y

lo administrado Dávalos reflexiona sobre la manera en que la civilización transforma, simula y contiene aquello que antes era indómito.

Lejos de una representación romántica del paisaje, las obras proponen escenarios intervenidos, cuerpos de agua domesticados y espacios diseñados para el disfrute, donde la naturaleza aparece como construcción cultural y como residuo de una relación cada vez más instrumental con el entorno.

Sara Hermann, señala: “En estas pinturas, el agua deja de ser un fondo o un motivo decorativo para convertirse en una pregunta abierta. Dávalos nos sitúa frente a paisajes que parecen ofrecer descanso, pero que en realidad revelan una inquietud profunda sobre nuestra forma de habitar y administrar lo natural”.

Todas las manifestaciones del agua se inscriben dentro de una investigación artística más amplia sobre el paisaje contemporáneo, la simulación de la naturaleza y la sustitución de lo sagrado por lógicas de consumo y control, temas centrales en la producción reciente de Dávalos.

La inauguración se realizará el jueves 19 de febrero a las 7:00 p.m. en el Museo de Arte Moderno de Santo Domingo.

1. Información general del artista

Nombre: Mario Dávalos

Año y lugar de nacimiento: 1978, Santo Domingo, República Dominicana

Profesión: Pintor, fotógrafo, escritor y consultor estratégico

Mario Dávalos es un artista visual dominicano cuya práctica se desarrolla principalmente en la pintura y la fotografía, y que se caracteriza por un diálogo constante entre experiencia, pensamiento y representación. Su obra aborda la relación contemporánea entre el ser humano y la naturaleza, así como las tensiones entre mundo natural y mundo construido, abundancia y escasez, experiencia directa y simulación.

Mario DávalosFuente externa

Formado originalmente como artista, Dávalos ha desarrollado en paralelo una extensa trayectoria profesional en el ámbito de la comunicación estratégica y la consultoría. Esta doble condición —artista y pensador estratégico— atraviesa su trabajo visual, aportándole una mirada crítica sobre los sistemas contemporáneos de producción, consumo y representación del paisaje.

2. Información general de la exposición

Título de la exposición: Todas las manifestaciones del agua

Sede: Museo de Arte Moderno, Santo Domingo

Obras en exhibición: Aproximadamente 50 obras

Técnica: Pintura y dibujo

Período de producción: 2019-2026

Todas las manifestaciones del agua reúne más de 50 obras que conforman uno de los cuerpos de trabajo más amplios y articulados del artista hasta la fecha. La exposición es el resultado de un proceso de investigación y producción desarrollado a lo largo de los últimos seis años, y parte de una lectura crítica y poética sobre el agua como elemento natural, simbólico y cultural.

3. Marco conceptual del proyecto

La exposición no se concibe únicamente como un conjunto de obras visualmente coherentes, sino como una investigación desde el pensamiento sobre la forma contemporánea en que nos relacionamos con la naturaleza.

El proyecto parte de una postura ética frente a la reducción de la naturaleza a un repositorio de recursos, entendida como materia disponible para la explotación técnica y económica. Esta visión, propia del pensamiento moderno y del capitalismo tardío, transforma el paisaje en infraestructura y la naturaleza en una extensión funcional de los sistemas de producción y consumo.

En este contexto, la exposición aborda la producción de simulaciones de la naturaleza: piscinas, jardines artificiales, paisajes escenificados y entornos controlados que sustituyen la experiencia directa de lo natural por versiones domesticadas, seguras y consumibles del paisaje.

La noción de abundancia ocupa un lugar central en el proyecto. Frente a la abundancia orgánica, impredecible y no instrumental del mundo natural, la modernidad propone una abundancia artificial asociada al consumo, la acumulación y la exhibición. Ambas formas de abundancia entran en tensión y no pueden coexistir plenamente sin conflicto.

4. Expediciones y experiencia directa como fuente de inspiración

Un componente fundamental de este cuerpo de trabajo es la experiencia directa del artista en territorios remotos y poco intervenidos por la acción humana. A lo largo de los últimos quince años, Mario Dávalos ha realizado expediciones a algunos de los paisajes más extremos y aislados del planeta, incluyendo la tundra de Alaska, Antártica, África, la Amazonía y otras regiones naturales de difícil acceso.

Estas experiencias no funcionan como documentación literal del paisaje, sino como detonantes sensoriales y conceptuales. El contacto con territorios donde la presencia humana es mínima redefine la percepción del tiempo, la escala, el cuerpo y la fragilidad de la vida, influyendo directamente en la atmósfera, los ritmos y las decisiones formales de la obra.

El agua y la tierra emergen así no solo como temas visuales, sino como entidades vividas, experimentadas y pensadas desde la inmersión directa en el entorno natural.

5. Dimensión simbólica y espiritual

Más allá de la crítica cultural, el proyecto incorpora una dimensión simbólica y espiritual. El agua y la tierra son abordadas como entidades psíquicas y arquetípicas, capaces de estructurar la experiencia humana y la relación con la creación.

En la obra de Dávalos, el agua aparece como superficie, profundidad, tránsito y transformación: origen y disolución, espejo (y aquí son importantes los autorretratos) y abismo. La tierra se manifiesta como soporte, límite, herida y cuerpo. Ambos elementos funcionan como metáforas de la condición humana y de la relación entre naturaleza, cultura y sentido.

6. Lenguaje visual y recursos formales

El lenguaje visual de la exposición se caracteriza por una pintura de gestualidad contenida, atmósferas densas y composiciones abiertas. Las obras evitan la narrativa explícita y proponen espacios de ambigüedad e interpretación.

Entre los recursos recurrentes se encuentran:

• Superficies acuosas y reflejos

• Paisajes fragmentados o suspendidos

• Presencias insinuadas o figuras fantasmales

• Vegetación tratada de forma simbólica

• Tensiones entre lo orgánico y lo artificial

Estas decisiones formales buscan generar una experiencia contemplativa, invitando al espectador a una relación lenta y reflexiva con la obra.

7. Claves para prensa y medios

Esta exposición propone una reflexión sobre la crisis ecológica contemporánea, entendida no solo como un problema ambiental o económico, sino también como una crisis simbólica y espiritual.

El proyecto invita a reconsiderar la relación entre naturaleza y progreso, cuestionando la transformación del paisaje en producto de consumo y la sustitución de la experiencia directa de lo natural por simulaciones controladas.

Todas las manifestaciones del agua se presenta como una exposición que articula pensamiento, experiencia vital y sensibilidad pictórica, consolidando una línea de trabajo que posiciona a Mario Dávalos como una de las voces contemporáneas que reflexionan desde el arte sobre la relación entre ser humano y naturaleza.

Todas las manifestaciones del agua

por Mario Dávalos

En el fondo de este cuerpo de trabajo, que he desarrollado sobre todo en los últimos tres años, hay una inquietud central: el marco moral y perceptivo que organiza la vida contemporánea. El capitalismo no solo ha estructurado los sistemas de producción y consumo; ha impuesto una lógica más profunda, donde la técnica precede al pensamiento, la eficiencia reemplaza el sentido y el beneficio se convierte en criterio moral.

«Todas las manifestaciones del agua»Fuente externa

Este marco se ha instalado en la sociedad moderna y ha transformado radicalmente nuestra relación con la naturaleza. El mundo natural ya no se entiende como origen o misterio, sino como una despensa de energía, materia y valor potencial, disponible para seguir alimentando un sistema eternamente hambriento. Una gigantesca estación de servicio. En términos de Martin Heidegger, la naturaleza pasa a ser reserva disponible: algo que existe para ser gestionado, optimizado y explotado. Ya no pertenecemos al mundo; lo administramos.

Sin embargo, esta mirada instrumental convive con una contradicción evidente. Mientras destruimos la naturaleza real, insistimos en simularla. La reproducimos como imagen, como experiencia controlada, como espacio de ocio y estatus. Jardines, piscinas, resorts, paisajes curados. No hacemos nada para preservar la naturaleza, pero preservamos su apariencia.

Esta simulación no está pensada para la contemplación, sino para el entretenimiento. La naturaleza se convierte en estímulo, en fondo visual, en experiencia rápida y consumible. Se la diseña para agradar, no para interpelar; para ser usada, no para ser habitada. El entretenimiento sustituye a la experiencia y la distracción reemplaza el asombro.

La simulación de la naturaleza no es un gesto de respeto, sino de dominio. Admiramos su belleza, pero no aceptamos su autonomía. La recreamos bajo condiciones seguras, artificiales, productivas y rentables. El resultado es una naturaleza domesticada, despojada de su potencia y convertida en escenografía para el sistema económico.

En este proceso se pierde una forma específica de belleza: lo sublime. La belleza natural no excita ni seduce; trasciende. No activa el deseo, sino la contemplación. No coloca al sujeto en el centro, sino que lo desplaza y lo arropa. Es una belleza que exige reverie: un estado de atención lenta, no instrumental, donde la percepción se abre sin intención de uso ni consumo. En ese espacio se origina toda experiencia de lo divino.

Esta distinción es clave. No toda belleza opera del mismo modo. Hay una belleza producida por la cultura del espectáculo; rápida, estimulante, diseñada para capturar atención e incentivar el consumo, y otra que surge del contacto con lo elemental. Una belleza que no se posee, que no se agota, que no se explica. En este sentido, mi trabajo dialoga con la idea de lo sublime en Immanuel Kant, y más íntimamente con la poética material de Gaston Bachelard, para quien el agua y la tierra no son paisajes, sino sustancias psíquicas y espirituales.

El capitalismo también ha moralizado la abundancia. Vivir en abundancia es ser exitoso. La abundancia visible, excesiva y comparativa se convierte en prueba de valor. Sin embargo, esta abundancia es performativa: necesita ser mostrada, producida y renovada constantemente para tener valor. La abundancia natural, en cambio, es silenciosa, cíclica e indiferente a nuestra mirada.

Simplemente es. Ambas formas de abundancia no pueden coexistir en equilibrio. Para producir la abundancia civilizada, eliminamos la abundancia natural. Ríos convertidos en infraestructura. Tierra convertida en activo. Agua convertida en espectáculo. La sustitución no es solo material, sino simbólica.

Aquí aparece una pérdida más profunda. No podemos existir sin la naturaleza, no solo en términos biológicos, sino espirituales. La naturaleza es lo que nos conecta con la creación. Es aquello que nos recuerda que no somos productores externos al mundo, sino manifestaciones dentro de él. Decir que la naturaleza es Dios no es una afirmación religiosa, sino ontológica: la tierra como piel, como superficie de lo real, como condición de posibilidad del sentido.

Para mí, la pintura funciona como interrupción. Se resiste a la lógica del entretenimiento, a la claridad inmediata y a la gratificación rápida. No busca agradar ni explicar. Busca detener, o por lo menos, desacelerar. Frente a un mundo que convierte todo en producto, incluso la naturaleza, propongo la reverie como un acto ético, la lentitud como una forma de lucidez y la reverencia como un gesto de resistencia.

Sobre el autor
Hoy .

Hoy