¡Vámonos, señores, que va a pasar algo grande!

FERNANDO BATTLE PÉREZ
La frase que titula el presente artículo sobre el poderoso mar de leva que irrumpió en el Placer de los Estudios el 24 de junio de 1936, la pronunció, probablemente de manera más burda (y maquillada para su publicación) uno de los trabajadores (Mesa) de las obras del puerto de Santo Domingo (entonces Ciudad Trujillo) del ingeniero puertorriqueño Félix Benítez Rexach, cuando observó a las 8:30 am que el mar frente a él, antes tranquilo, se retiró de la playita artificial sobre la que laboraba en los afincamientos del tajamar (rompeolas) número uno refleja perfectamente una situación de pánico, pues él era parte de un grupo de 30 que trabajaba en condiciones riesgosas, a nivel de las aguas, con las del río por “arriba” y las del mar por “abajo”.

Tras una brevísima discusión sobre la conveniencia de retirarse rápidamente de tan peligroso lugar, “cayó sobre ellos la primera marejada”. Aunque la mayoría logró asirse a las estructuras, varios hombres fueron barridos por el golpe de agua, salvándose a duras penas gracias a la ayuda de sus otros compañeros. (se cree que hubo muertes no declaradas por razones de conveniencia político-laboral, propio de la época).

En breve tiempo las olas comenzaron a pasar por encima de la playita y de sus estructuras, destruyendo parte de las obras y hundiendo una patana que le servía de base a un martinete de vapor (La Opinión, 25 de junio). A las 9 de la mañana el espectáculo era imponente en el Placer de los Estudios con olas enormes “que parecían montañas” que “se levantaban a lo largo de todo el litoral sur, asumiendo proporciones trágicas, llegando, al romperse sobre los arrecifes, hasta las casas situadas a lo largo del Malecón Padre Billini (Presidente Billini), arrancando palmeras, causando enormes desperfectos en el afirmado de la calle”, efecto devastador que incluyó el balneario de Güibia, vistosamente engalonado ese día para la celebración de la festividad de su santo patrón, San Juan Bautista, costumbre de hondo arraigo antañón allí.

El fenómeno mató a 11 pescadores de yola y a uno de los muchos rescatistas que armados con sogas los ayudaban desde el acantilado. Se estimó que habían 20 ó más yolas en el mar frente a la ciudad cuando el tiempo comenzó a descomponerse, cerniéndose la desgracia del naufragio o del destrozo en las peñas sobre las que estaban más lejos del abrigo del puerto. Uno de estos yoleros logró regresar al Ozama con los “brazos hinchados” por el esfuerzo realizado y a otros lo rescataron cerca de los restos del Memphis.

La tragedia consternó a la ciudad y provocó reacciones en la prensa sobre la necesidad de la creación un cuerpo especial de rescate para estas eventualidades, petición que reiteraba las que se venían haciendo periódicamente desde la desgracia provocada por el mar de leva de 1908. El Arzobispo Pittini, unido al dolor, ofreció un funeral religioso en la catedral a intención de las humildes víctimas de la furia marina.

El poderoso oleaje golpeó toda la costa Sur dominicana dañando a varias goletas y balandros que estaban en labor de cabotaje, ahogando a dos yoleros en la boca del Higuamo (San Pedro de Macorís), a quienes un hidroavión de la línea Pan American trató de auxiliar lanzándoles salvavidas, y a dos personas más en Boca Chica. Además, encalló en la desembocadura del río Nizao al vapor inglés Baron Ogilvy, de 4000 toneladas, con un importante carga de azúcar recogida de la firma Vicini en Palenque.

Este violento mar de leva, uno de los cuatro de gran severidad y resonancia trágica en el Placer de los Estudios ocurridos en el siglo pasado, comparable, según un testigo (Listín Diario, 26 de junio, 1936) con el que hizo naufragar al Memphis en 1916, fue causado por una cercana perturbación caribeña, aparentemente dentro de la categoría de tormenta tropical, cuyos vientos sobre lo normal comenzaron a sentirse en la mañana, alcanzando sus ráfagas las 50 millas/hora hacia el medio día, momento en el que su centro cruzó, por el Sur, el meridiano de la ciudad. Sin embargo y curiosamente, no está registrada en la meticulosa data de UNISYS-Weather, por lo que probablemente fue de magnitud menor y breve duración, algo que de ser así evidenciaría una notable discrepancia en relación al grado de agitación marina causado por ella.

Además, si se le da crédito a lo que vieron los trabajadores del tajamar (posicionados coincidencialmente en un inmejorable punto de “observación”) en relación a la “retirada” del mar. ¿Qué causa la produjo? ¿Fue un simple efecto del mismo fenómeno, lo que es factible, o hubo algo más sobre todo si se toma en cuenta la presencia de los inclinados taludes que terminan en la Trinchera de los Muertos, cuyo cercano “piso” está a 5.500 metros de profundidad? Como en lo del Memphis, un componente tsunámico “atípico” no es impensable. Aunque especulativo, es digno de consideración.