Volver al FMI es decisión atinada

El Presidente Leonel Fernández ha tomado una decisión atinada al disponer que se negocie con el Fondo Monetario Internacional (FMI) un nuevo acuerdo, aunque no sea de las características restrictivas de uno del tipo stand by. La necesidad de retornar a este organismo está dada porque hay factores locales y exógenos que podrían afectar la estabilidad económica y monetaria alcanzada. El factor local está determinado por el contexto político, en el que se destaca una puja por la reelección presidencial que hace irresistible la tentación de apoyar el esfuerzo en un aumento considerable del gasto público. Este ingrediente podría influir en las calificaciones internacionales del país en materia de riesgo y confianza para la inversión y los negocios internacionales.

 En el plano internacional, la crisis inmobiliaria de Estados Unidos y las alzas petroleras podrían tener efectos adversos importantes sobre la estabilidad económica y monetaria. Son factores cuyo control está fuera del alcance de la República Dominicana y lo juicioso es  “blindarse” para capear esos efectos. En particular, las alzas petroleras ya  influyen de manera dramática en los costos industriales en la competitividad exportadora, y el Gobierno se ha visto precisado a subsidiar carburantes como el gas licuado de petróleo y el gasoil, para evitar efectos sociales indeseables. Por eso es atinada la decisión de volver al FMI.

 

Pastoral contra el desenfreno

La campaña electoral ha sido ostentosa e insultante, cargada de descalificaciones mutuas entre candidatos que se cuestionan haberes y teneres. Los gastos en que han incurrido los partidos políticos delata una falta de liderazgo y argumentos que tiene que ser suplantada con slogans destemplados. La sociedad ha tenido que soportar este derroche que es una afrenta para la condición de pobreza extrema que padece una parte importante de la población.

Semejante comportamiento ha escandalizado a amplios sectores de nuestra sociedad. La Conferencia del Episcopado Dominicano ha advertido sobre la necesidad de frenar estos desplantes y que los políticos le digan al país cómo y en cuánto tiempo resolverían los grandes problemas que afectan al país. Su Carta Pastoral con motivo del aniversario de la Independencia Nacional no tiene desperdicios. Es un mensaje que los dominicanos sensatos deben acoger como doctrina contra el desenfreno.