Vulnerabilidad en la niñez

En el marco de la pobreza y sus efectos sobre la sociedad figura la situación de niños que no asisten a la escuela como corresponde a sus edades; exclusión que en este país podría tener como injusta consecuencia el que muchos de ellos permanezcan la mayor parte del tiempo en las calles expuestos a riesgos diversos o, peor aun, sometidos por adultos a duros o peligrosos oficios urbanos y rurales o bajo explotación sexual, incluidos desde su vulnerable estado en la prostitución. El que un 12.8% de los niños del país figure en actividades que no corresponden y que en ocasiones impiden, parcial o totalmente, estar en aulas y en ambientes saludables, refleja limitación en sus alcances y eficacia de los servicios estatales que garanticen la vigencia de los derechos de un importante sector de la niñez y de la adolescencia que registran altos índices de deserción y ausentismo escolares.

Debe ser prioridad redimirlos de una marginación que llena su presente de precariedades y ensombrece su futuro y el de la colectividad en que se sitúan. Cunde en la infancia así atropellada una incapacidad para ingresar después a roles que encajen en el respeto a las normas de convivencia y leyes. Muchos niños sufren la orfandad causada por asesinatos de género, violencia intrafamiliar que no retrocede. En mayor medida deben dirigirse recursos a la atención material y emocional que amerita la infancia desvalida.

Ir al rescate de áreas urbanas

El acceso a techos dignos -preferiblemente bajo mínima restricción al ingreso de sus potenciales adquirientes- crece en posibilidades con la liberación del encaje legal que haría fluir más recursos a través de la banca múltiple y especializada hacia la construcción, un estímulo que debería aprovecharse para diversificar la función social del crédito. Santo Domingo se extiende habitacionalmente, y a todo galope, hacia terrenos cada vez más distantes de su núcleo. En tanto extensos barrios tradicionales decaen sin renovarse y con mucha presencia de unidades unifamiliares de escaso valor arquitectónico, deterioradas y sin aprovechamiento del espacio aéreo. El ansiado crecimiento vertical, práctico para fines de servicios públicos, está reducido a unos polígonos de exclusividad; debe fomentarse la pequeña inversión privada financiadora de techos propios.