Vulnerabilidad y educación

Martes 12 de enero del 2010 – 5.53 p.m. será recordado para siempre, como el 3 de septiembre de 1930 con el ciclón San Zenón. Todo parece indicar que los muertos se aproximaran a los cien mil y se registrará como una de las más grandes tragedias de América Latina. Haití tenía en su memoria social inundaciones, deslizamientos de terrenos, hambrunas, pero perdió la memoria histórica, según algunos, no tenía sismo. La Isla  Hispaniola, emergida entre fosas marinas activas, fuertemente diseñada entre cordilleras y valles, entallada por dos grandes fallas longitudinales, tambaleándose entre placas tectónicas imponentes,  debe ser enfocada en la clase de geografía física con el objetivo fundamental de sensibilizar  a los escolares sobre riesgos y vulnerabilidad, más ahora, con los cambios climáticos que propiciamos.

Somos habitantes de una Isla rodeada de Mar y Océano, de fosas profundas activas y por lo tanto estamos expuestos a temblores en los fondos marinos y a tsunami peligrosos por tener costas a nivel del mar. Tenemos pendientes muy acentuadas, suelos arcillosos y estamos expuestos a deslizamientos y a  aludes. Las fallas longitudinales nos exponen a deslizamientos mortales. Nuestros ríos tropicales nacen todos a más de 2000 metros sobre el nivel del mar, recorren esos desniveles en pocos kilómetros y son capaces de provocar inundaciones, arrastres y desbordamientos trágicos. Los ciclones nos afectan cada año desde las costas africanas, se forman, atraviesan el Atlántico y nos traen lluvias copiosas o ciclones.

Esa geografía física es la que todos los ciudadanos deberían conocer, todos los ingenieros y arquitectos, todos los servidores públicos, técnicos o políticos, para que, una vez transformados en ciudadanos se recuerden de  la vulnerabilidad de los maravillosos paisajes de la Isla y sepan adaptar sus actuaciones a los riesgos que inducen.

La memoria histórica de los eventos naturales es, hoy por hoy,  una asignatura obligada. Muchos se recuerdan que Puerto Príncipe fue  trasladada a Bayaguana, en 1606, y que fue reconstruida en su lugar original.  Pero nadie se recordó que en 1751 y en 1771 fue destruida con Croix des Bouquets por un violento terremoto y azotada inmediatamente  por un maremoto. Hoy, Haití, lo paga muy caro.

Los franceses no tenían Puerto Príncipe como capital; era Cabo Francés o Cabo Haitiano, al norte de la Isla.