“Weekend en Bahía” el amargo ritual de la memoria

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Cuando el dramaturgo cubano Alberto Pedro Torriente estrenó en La Habana en 1987, su obra Weekend en Bahía, no transgredía el status-quo imperante en la isla por casi treinta años, de ahí que pudiera presentarse, se limitaba de manera superficial a esbozar la realidad de una sociedad sometida.
El texto de Torriente realista, cargado de amargura con dosis de humor, nos presenta el reencuentro luego de veinte años separados, de dos enamorados, de una cubana exiliada –Mayra- y Esteban que ha permanecido en la isla. El autor en esencia se vale de estos dos personajes para presentar dos mundos aparentemente irreconciliables.

Cuando la obra se coloca fuera de la realidad en que fue creada se descontextualiza. Dominicanizar la pieza, aunque existan causas parecidas –el exilio político es una, la emigración por causas económicas es la otra, motivo también presente en la primera, de alguna manera altera el real contenido de la obra, no obstante un reencuentro puede ocurrir en cualquier lugar y circunstancia.

El autor coloca a los personajes en una habitación, donde tiene lugar la acción, se inicia un juego fascinante, el desnudo físico es mero divertimiento, el verdadero desnudo es el reconocerse, con la evocación del pasado, confesarse uno a otro, desentrañar los recuerdos de tiempos vividos se convierte en un amargo ritual de la memoria, en un descubrimiento mutuo; pero el conflicto se centra en el deseo de Esteban de realizar el amor con Mayra, aquello que quedó tronchado ante su partida y que ella evade con artilugios. No hay comunicación entre ellos, se hablan y no se escuchan, pertenecen a dos mundos diferentes.

Esteban descubre en Mayra un ser individualista, que se decanta en el momento de la masturbación de, dejándolo totalmente frustrado; Mayra está presa de sus neurosis, ha quedado atrapada en el personaje de la desequilibrada “Blanche Du Bois”, de “Un tranvía llamado deseo” de Tennessee Williams, que representó una vez, además, se ha convertido en adicta a las drogas. Mayra descubre a través de la confesión del propio Esteban sus debilidades y fracasos tanto en su vida sentimental como laboral.

Finalmente Esteban reconoce que ambos han sido víctimas, de las circunstancias, pero él se siente vencedor, es más fácil claudicar ante un mundo que no podemos cambiar, que mantenerse fiel a sus principios “revolucionarios”, ella es para él la imagen de otro mundo, y es aquí la gran metáfora de la obra, por lo que sacarla de su contexto es un despropósito,

La puesta en escena. Convierte la obra en una comedia trivial de reencuentro de enamorados frustrados, pero lo que escénicamente vimos, el espacio lúdico creado por los protagonistas Hony Estrella –Mayra- y Raeldo López –Esteban- es sencillamente fascinante. Hay una carga de emotividad en ellos que nos acercan al personaje. La voz de Hony Estrella es espléndida, con natural impostación, posee además recursos histriónicos muy bien manejados y una movilidad escénica coreográfica. Raeldo López, al que no vemos frecuentemente en escena, nos parece un actor muy orgánico, apoderado del personaje, maneja los momentos de transición con gran efectismo. Ambos actores tienen “presencia”, en lenguaje teatral se imponen, están dotados de un “no se qué” que provoca la comunicación con el espectador.

El espacio escenográfico creado por Fidel López es simple, una habitación de paredes negras, con un solo elemento esencial, una cama, albergue de un juego sexual, deseado, reprimido, sustancial. El desnudo como arma publicitaria, es efectiva para atraer la libido de un público que realmente en esta materia ya lo ha visto todo, pero teatralmente es artístico, a veces verosímil, prolongado. La música es parte esencial de la puesta en escena, tanto en lo temporal como en su significado, así “Help”, Yellow Submarine” y “Yesterday”, del mítico grupo The Beatles, transportan a los protagonistas en sus añoranzas, a los años sesenta cuando vivían su amor de juventud. La dirección de la joven Indiana Brito es buena, creativa, se significa en la dirección de actores. Juancito Rodríguez, productor, una vez más acierta en la escogencia de una buena obra y excelentes artistas.