Wortel; una provocadora invitación a cerrar felizmente el año

new year clock before midnight
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“La vida es o una gran aventura o nada”.

Hellen Keller

Ningún mes estimula más los sentidos que diciembre; el olor a canela y pino, el sabor a ponche y pasteles en hojas, los merengues tradicionales, las lucecitas, la brisita y los colores característicos de la navidad tienen un impacto irrebatible en nuestro estado de ánimo. Los efectos se sienten en tres direcciones: 1. melancolía, nostalgia y tristeza, 2. celebración, entusiasmo y felicidad y 3. La alternancia entre 1 y 2.

El Amor es el punto de partida, es el camino y es el destino. Podemos creer que estamos perdidos (1), dudar si vamos bien (3) o saber que ya llegamos (2). El Amor es todo lo que existe. Quien es feliz, abre, transforma y cierra todos sus asuntos desde el Amor. Pero, ¿qué hacer si no estamos ahí? El judaísmo tiene un principio llamado jitzoniut meoreret pnimiut, que significa “lo externo despierta lo interno”.

El sentido que damos a la Navidad es un buen indicador de cómo estamos llevando nuestra vida. La diferencia va a estar en qué parte de nosotros está tomando las decisiones. Mientras la melancolía es una respuesta inconsciente, en la que rara vez tenemos claridad de qué nos ocurre o cómo manejarlo, la felicidad es un estado consciente que requiere de nuestra participación.

El célebre escritor francés Jean Anouilh decía que las cosas son bellas si se las ama. En los estados de baja vibración como son: depresión, desmotivación, melancolía, tristeza, nostalgia e incluso rabia, la memoria está en el niño y el ego. Esas partes de la psique son las que se alimentan del pasado, un tiempo que nos deja sin poder separándonos del amor. Sólo así es posible mantenerse enfocado en las heridas, en vez de ir hacia la sanación.

En cambio, los estados de alta vibración en los que sintonizamos el perdón, la reconciliación y la Gracia nos brindan celebración, entusiasmo, esperanza y felicidad. En esta frecuencia sentirnos amados y amar es lo natural. La buena noticia es que es posible modificar un estado emocional interno cambiando el exterior. Si usamos los sentidos a nuestro favor, exponiéndonos a ambientes festivos, amorosos y sanos en los que podemos actuar como si ya fuéramos grandiosos, es más fácil tomar la elección sana de “ser feliz”.

El verbo del idioma inglés “to be” nos ayuda a interiorizar la felicidad de manera indiferenciada. Si “estoy” feliz mi inconsciente cree que “soy” feliz y empieza a responder desde esa realidad “creada”. Las acciones surgen de un mejor lugar, de manera deseable, más rápida y fácilmente. Adicionalmente, si estamos atentos podremos recibir la amorosa guía de la grandeza que habita en nuestro interior, para reconocer lo que nos nutre adecuadamente y seguir sosteniendo el entusiasmo y la felicidad.

La felicidad es la consecuencia espontánea del amor. En el libro “Los cinco lenguajes del amor”, el pastor bautista, consejero matrimonial y escritor estadounidense Gary Chapman explica que existen 5 formas en las que cada persona tiende a expresar su amor y prefiere recibirlo.Estos son: contacto físico, tiempo de calidad, regalos, actos de servicio y palabras.

La navidad celebra el nacimiento del niño-Dios. Narra la historia arquetípica de la entrega del amor en el lenguaje que el amante conoce. Dios es Amor. Ya que como humanidad no reconocíamos que somos dignos de ser amados por Él, Dios se hizo carne para mostrarnos su Amor en todos los lenguajes humanos.

En el mejor de los casos, las historias de amor verdadero llegan hasta que la muerte separe a los amantes. Sin embargo, el Eterno se hizo carne y venció la muerte para mostrarnos que nada puede destruir lo que Él es. ¿No te parece un regalo maravilloso?

El mejor regalo que podemos dar (nos) consiste en buenos momentos que nos sirvan como memorias fértiles para el amor. De este modo, garantizamos los nutrientes necesarios para que nuestros pensamientos se transformen en dulces frutos. Reconocemos un buen recuerdo porque contiene uno o varios de los siguientes elementos: 1. Aprendizaje, 2. Compartir y 3. Alegría. A esos les llamo momentos “ACA”, porque me permiten estar “presente”.

La fórmula segura para crear conscientemente un venturoso año nuevo es viviendo espectacular y felizmente el año que se despide. Me gusta decir que la clave es “cerrar bien, para abrir mejor”. Wortel significa “raíz” y se relaciona con la parte que está en la tierra para tomar su riqueza y traducirla en vida. También Wortel es el nombre que lleva una propuesta que llevo a cabo desde hace más de una década, para encontrarnos y cerrar adecuadamente el año, liberando la energía bloqueada de lo que no pudimos lograr o concluir.

Durante el tiempo del taller, detectamos los logros del año que no pudimos percibir por estar enredados en el pasado o procupados por el futuro, celebramos los éxitos alcanzados y extendemos a los demás la felicidad que sentimos. Luego de cerrar el año en alegría, gozo y amor, nos tomamos un tiempo para recibir el feliz nacimiento del nuevo año, lo nombramos, diseñamos conscientemente su desarrollo y recibimos asistencia para guiarlo de un modo que le permita cumplir su destino.

El Dalai Lama, líder espiritual del budismo tibetano, afirma que el propósito de nuestras vidas es ser felices. El dramaturgo francés Pierre Corneille, considerado uno de los mejores del siglo XVII, estaba convencido de que la felicidad está hecha para ser compartida. Si no has tenido un buen año, o has fluctuado entre tiempos buenos y malos, Wortel es un espacio seguro para que re-diseñarnos, lograr cerrar bien el 2019 y contagiarnos de todos los que llegan a Wortel a compartir la felicidad que sienten.

Un Curso de Milagros dice que sólo el Amor es real. La Navidad es sinónimo del Amor en acción. La Navidad no es una “época”, sino un estado de ánimo en el que entregamos el corazón, lo convertimos en pesebre y acogemos la inocencia del Amor, permitiendo que el niño-Dios nazca en nuestro interior. Cada vez que amamos y somos amados es Navidad.

¿No crees que Wortel es un buen regalo de amor que mereces dar (te)?