¿Y cambiará la República Dominicana?

¿Y cambiará la República Dominicana?

Samuel Luna.

Mi intención hoy es crear una reflexión en base a una pregunta que me hizo una buena amiga dominicana que reside en la ciudad de Grand Rapids en Michigan, U.S.A. En un diálogo de hermandad y confianza ella preguntó preguntó que si yo creo que nuestro país, República Dominicana, tiene la posibilidad de sufrir un cambio sustancial. Esa pregunta me dejó pensando, porque precisamente venía pensando ese mismo día sobre esta incógnita: ¿Y cambiará la República Dominicana?

Yo no supe que responderle en ese momento, porque no quería caer en teorías, en sueños y en utopías extremas; pero recuerdo haberle dicho que yo creo que las naciones tienen la posibilidad de cambiar y existe un deseo en el ser humano de que las cosas cambien para bien. Los países de América Latina somos hijos de una misma madre y hemos sufrido del mismo mal. Entre nosotros, los dominicanos, existe un mal que no nos permite generar una metamorfosis social que marque un antes y un después, a este mal yo le llamo “falta de potestad ciudadana”.

Cuando un pueblo no tiene la capacidad de articular una agenda en común, un plan que sirva para mermar los problemas que nos afectan a todos, ese pueblo carece de potestad  ciudadana; cuando un pueblo está fragmentado y solo piensa en los intereses personales, en los deseos corporales de los partidos políticos y no en el bien colectivo de la nación, nos indica que no tenemos un sentido de potestad ciudadana. Y ahí surge la pregunta de mi amiga: ¿Y cambiará la República Dominicana?

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La potestad ciudadana es la capacidad que posee un pueblo para sentir que es dueño y protagonista de su entorno, de su futuro y del comportamiento de cada persona que desea participar en los procesos administrativos de la nación, lo que popularmente le llamamos hacer política. Si el pueblo solo se manifiesta cuando su partido lo envía, si el pueblo actúa de forma reactiva y sin planificación,  la potestad ciudadana no tiene efectividad. La efectividad del cambio en una nación surge cuando un líder sano y equilibrado encarna la necesidad real de su pueblo, y cuando el pueblo identifica y certifica a ese líder, entonces ahí existe la posibilidad de que se produzca una metamorfosis y una restitución social.

Para que la República Dominicana sea transformada de forma real, tendremos que identificar a una figura, a un líder que entienda y que esté dispuesto a pagar un precio. Esa figura deberá flotar por encima de los partidos existentes y al mismo tiempo caminar con todos los sectores que inciden y alteran la economía dominicana. Debe ser una persona con carácter, fuerte, que entienda y escuché a la izquierda y a la derecha, que piense en el bienestar de los pobres, pero también en la permanencia de las empresas que generan fuentes de empleos. Ese líder debe modelar y producir una señal y una marca imborrable que pueda penetrar a la mente del pueblo dominicano con el único objetivo de producir un nuevo paradigma en la política dominicana.

Amiga, la pregunta que me hiciste: ¿Y cambiará la República Dominicana? Solo será  posible si se produce un milagro social que sea materializado por un loco cuerdo sin temor y un pueblo que despierte de su pobreza mental y de su fanatismo en la esfera política. Será posible cuando el mismo pueblo junto a ese líder decida parar la corrupción, el tigueraje y abrazar una agenda en común que fortalezca la potestad ciudadana. El cambio es posible y no debería ser una ilusión, debería ser lo normal. Amiga, Dios quiere cambio en las naciones y el pueblo grita a todo pulmón por un cambio real. ¿Qué esperamos?

¡Se puede y podemos!

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