¿Y el país, pa’ cuándo?

Millizen Uribe

Históricamente, nuestro país ha adolecido de una clase político-empresarial que, contadas excepciones, coloque constantemente, los intereses nacionales por encima de los personales y sectoriales.
Lamentablemente, nuestra contemporaneidad no es la excepción. República Dominicana sufre una parálisis institucional, producto de enfrentamientos partidarios que, si bien es cierto, inciden en el ya débil sistema “democrático”, también lo es que supeditar la realidad nacional a este único eje es un abuso soberano.
Y es que como en los 175 años de vida republicana que tiene nuestra joven nación, no se ha resuelto ni uno solo de los problemas fundamentales, la agenda política-social amerita una amplitud extrema, donde temas relacionados con el desarrollo, mejora y calidad de vida de la ciudadanía sean dominantes, no desavenencias grupales que tienen como trasfondo una infortunada lucha de “el poder por el poder”.
Mientras eso sucede, una serie de derechos fundamentales siguen sin garantías. El derecho a la vida se ve constantemente amenazado por el raterismo común, pero también por la delincuencia organizada, incluyendo la de cuello blanco, y la ciudadanía vive con miedo, renunciando hasta al uso de espacios públicos, como señala el Índice de Paz Global.
De igual forma, entrega tras entrega, encuestas reputadas, como la Gallup -HOY, ubican el desempleo y el alto costo de la vida como dos problemas recurrentes, señalados con primacía por la población y que, por un lado, significan la exclusión del sistema laboral y educativo de casi medio millón de jóvenes, sin estudios y sin empleo, y, por el otro, da una nota de vergonzosa actualidad a canciones de los 90 bajitos, como El costo de la vida, del maestro Juan Luis Guerra.
¿Y qué decir de ejercicios bonitos y naturales, como el dar a luz un ser humano? : que sigue constituyendo una sentencia de muerte para muchas dominicanas, por las altas cifras de mortalidad materna. O de necesidades básicas, como un salario digno, algo de lo que adolece el 67% de la población, según datos de la TSS, y que, ante una oportunidad histórica de revertir esta situación, como son las discusiones entre el sector patronal y sindical, los líderes políticos brillan por su ausencia.
Eso hace lamentable que la miopía política y el egoísmo político-electoral tengan secuestrado el país, que inmóvil, es presa de sus enfrentamientos, mientras hay una agenda país y una Estrategia Nacional de Desarrollo pendientes y de la que dependen la vida y el bienestar de muchos dominicanos.

Si el “liderazgo” político quiere enfrentarse hasta destruirse, que lo haga, ese es su derecho, pero que por favor, a un pueblo que ya le han quitado tanto, no le roben también la esperanza de que, tarde o temprano, esto deje de ser un paisaje y se convierta en un país.