Y hablando de Bear Stearns

José Lois Malkun
No hay dudas de que el tiempo es el mejor aliado de la verdad. Y más cuando la maldad y la calumnia distorsionan hechos y realidades con fines políticos. Pero hay que ser paciente para ver la luz al final del túnel. Porque cuando las crisis financieras trascienden los mercados y sucumben ante el peso de la conspiración gubernamental y mediática, las percepciones populares son fácilmente manipuladas.

Bear Stearns fue una de las pocas empresas que sobrevivieron a la depresión económica de los años 30. Fue quizás la única que distribuyó beneficios entre sus accionistas, cuando miles de otras empresas colapsaban dejando sin empleo a millones de trabajadores.

O sea, estamos hablando de uno de los bancos de inversión que ha dominado Wall Street desde su fundación en 1923. Antes de la crisis, su nivel de capitalización alcanzaba los US$17 mil millones, gestionaba activos por US$385 mil millones y tenían 15 mil empleados repartidos por el mundo.

En abril del 2007, sus acciones valían  US$169.00 pasando a US$2.00 hace  apenas dos semanas, cuando anunció su colapso.

Pero había un serio problema. Si dejaban colapsar a este banco de inversión, tendría que vender sus títulos hipotecarios y activos a precios muy reducidos y esto afectaría la solvencia de otros grandes bancos. Y si esos grandes bancos se desplomaban, se agotaría el crédito en toda la economía y por ende se hundiría el sistema de pagos. Esto se conoce en todas partes del mundo como “Riesgo Sistémico” o “Contagio”.

Fue por ello que la Reserva Federal tuvo que intervenir necesariamente en el rescate de Bear Stearns con un paquete de US$30 mil millones en asistencia, aunque sin garantías suficientes que lo respalden. Tampoco a la Reserva Federal le competía incursionar en la banca de inversión, que está bajo la tutela de la Stock Exchange Commissión. A cambio del salvamento, JP Morgan, otro banco de inversión, se comprometió a pagar  todo lo que Bear Stearns les debe a sus clientes, valorando en US$10.00 las acciones, lo que representa cinco veces su valor real en el mercado.

De todas formas, Bear Stearns ya es historia. Su prestigio y tamaño se reducirán notablemente, sin garantías de que la Reserva Federal no tenga que seguir rescatando a otras instituciones financieras. Hace unos meses describimos en estas mismas páginas el gran rescate de Northern Rock Bank por parte del Banco Central de Inglaterra, después  que miles de depositantes hacían largas filas para retirar sus depósitos y no había con qué pagarle. Y era el octavo banco de ese país.

Nadie en su sano juicio pone en riesgo el sistema de pagos de una nación. Como tampoco nadie se ha atrevido a jugar con crisis sistémica sin importar las raíces que la originan ni los costos que conllevan.

 El costo de dejar hundir un sistema de pagos es infinito. Ahora todos se preguntan, ¿cómo obvió Alan Greenspan el advenimiento de esta crisis? Aquí se explica, pero allá no.