¡Y medraron con la crisis!

MANUEL E. GÓMEZ PIETERZ
La aún vigente crisis que inmisericordemente agobia a la gran mayoría de los dominicanos, ha acentuado férreamente la línea que separa a los muy ricos de los muy peligrosamente pobres. La brecha de la pobreza se amplía con dinámica furiosa hacia el polo magnético de la indigencia. Que es donde habita el crimen en su más inclemente inhumanidad.

En el contingente minoritario que la crisis indudablemente ha ampliado y sobre enriquecido, figuran los agiotistas de la producción y el tráfico en alimentos y medicinas; los políticos corruptos que “el haberse fajado” partidario llevó a posiciones de poder y decisión, y el sempiterno grupúsculo de descastados que cual buitres carroñeros revolotean en torno a las alturas del poder, intrigando y esperando la oportunidad para participar del festín y el boletín de la infamia y el puro latrocinio.

Atónitos hemos presenciado cómo el coyuntural interés del poder político en su máxima y particularizada expresión, que en forma deliberada ha desatado y profundizado la mayor y peligrosa crisis de nuestra historia republicana, ha tenido el velado apoyo de acólitos a contrapelo del permanente interés de su propia clase. Banqueros se han frotado las manos codiciosamente. Prominentemente instituciones empresariales pecaron de inoportunidad, ambigüedad y superficialidad; destacadas figuras e instituciones de la “sociedad civil” no pudieron disimular su comprometido e interesado celo por el respeto al procedimiento legal en su demanda de castigo para los “culpables oficiales” de la crisis bancaria.

El incontenible aumento de la tasa de cambio ha sido el gran villano; el aliado pretexto para los desmesurados aumentos de los precios al consumidor que a expensas de los pobres ha hecho más ricos a los grandes comerciantes. Porque la tasa inflacionaria no ha guardado proporción con los reales aumentos de costo, sino con la codicia del agiotista; beneficiado por partida doble: la del infuncional aumento de los precios, y la de cargar al consumidor el costo de la reposición de inventarios; lo cual equivale a cobrar al consumidor un impuesto en beneficio de una entidad privada. Y ello, ante la indolente indiferencia de las autoridades.

Lo anteriormente señalado, coloca al nuevo gobierno en la crítica coyuntura de decidir y expresar sin ambigüedades para quien habrá de gobernar: si para la gran mayoría que lo eligió, o si en cambio lo hará para la minoría privilegiada de siempre. Lo uno o lo otro decidirá el tono y el énfasis de su política redistributiva, y la expresión presupuestaria del gasto social; pues es la ley de gasto público y no los discursos inspirados, la real expresión de la política social del Gobierno.

Si el pueblo eligió por mayoría absoluta al PLD y su candidato presidencial por intuir que representaban el mejor y tal vez único recurso para la supervivencia de la República; la dirigencia de ese partido debe entender que tiene en el liderazgo político del Presidente Leonel Fernández su única posibilidad de realizar la exitosa gestión de gobierno que el pueblo y la república demandan y esperan. Todos debemos hacer conciencia de que con el actual gobierno se juega la supervivencia del régimen de partidos políticos, cuyo colapso con toda seguridad nos sumergiría de partidos políticos, cuyo colapso con toda seguridad nos sumergiría en la anarquía.

En la hermana Venezuela el descrédito de políticos y partidos provocó el colapso del sistema. El vacío auspició el advenimiento por vía electoral y con fuerte apoyo popular del Coronel Hugo Chávez en 1999, quien promulgó una nueva Constitución que cambió el nombre de la nación a República Bolivariana de Venezuela, extendió a seis años el mandato presidencial, e introdujo la figura del “referendo revocatorio”. Para legitimar su mandato convocó a nuevas elecciones en 2000 las cuales ganó democráticamente. Superó muy serias confrontaciones con su oposición política, incluyendo un efímero golpe de estado en 2002. Finalmente accedió a someterse a un referendo revocatorio en el presente año, el cual ganó legítimamente. No hay en su régimen un sólo preso político.

Los antecedentes sintetizados convierten al Presidente Chávez en un fenómeno político “sui generis” sin precedentes en nuestra América, y probablemente en el mundo. Creemos que su inteligencia, habilidad y destreza política han sido subestimadas. Tal vez debido a su humilde origen. Siendo él y la revolución que proclama la antítesis de Fidel y la suya, su mutua amistad prueba fehacientemente la habilitad de Chávez. Sinceramente creemos que hoy por hoy, Venezuela tiene en Chávez el mejor de los gobernantes posibles. Que ha superado sin fratricidio el vacío político de su país.

En el nuestro, la oposición sería ejercida por una asociación de delincuentes temerosos de sanción que en su pasado momento de vigencia política ya apostaban por la ingobernabilidad. En esta sociedad huérfana de clase dirigente, el colapso del sistema de partidos nos llevaría al pleno estado de naturaleza, a la anarquía, al caos, y al embargo probable de nuestra soberanía nacional. Porque aquí no es esperable un fenómeno tipo Chávez.