Y yo que la vi tan santa

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POR  DOMINGO ABRÉU COLLADO
Camino a San Rafael del Yuma, ciudad tan apacible como el río que le da nombre -apacible por lo menos al llegar a su desembocadura, porque en buena parte no existe- yo vi varias veces esa “Ciudad del Niño San Francisco Javier”. Y les juro que cada vez que la vi decía para mis adentros, “por lo menos alguien se ocupa de los niños huérfanos o sin atención familiar”.

¡Y vaya si se ocupaban!, que hasta entrenamiento les daban para prepararles como prostitutas y putos, listos para lanzarles a la calle a buscársela no solamente a “mano pelada”, sino con todo el cuerpo pelado.

Y luego del lío orgiástico con niñas y niños denunciado por ellos mismos; y luego de ver el nombre de San Francisco Javier denominando el sitio; y luego de ver mezclada a la “santa madre iglesia” una y otra vez en semejantes actividades; y luego de oír a los propios jefes de la misma “santa madre iglesia” defendiéndose como gatos boca arriba… ¿qué le queda a uno por ver y esperar de la sociedad que ostenta nuestra membresía?… porque ni modo que uno alegue que no pertenecemos a esta sociedad, la misma que ha levantado orgullosamente aquello de que “el trabajo dignifica”, cuando estimula y disimula el tráfico de drogas y seres humanos, encubre el contrabando, colabora con las leyes negociadas en el Congreso Nacional, etc. etc.

¿Y ahora? ¿Qué deberemos pensar cada vez que veamos por una carretera de esas un letrero grande y “santo” nombrando un albergue para niños y niñas? ¿Cuántos otros albergues para niños son también negocios de prostitución regenteados por religiosos?

Y ahora que digo niños pienso en ancianos… ¿Y habrá también asilos de ancianos -o gente no tan anciana- donde también la prostitución haya sentado sus reales?

Poco a poco la realidad le va ganando terreno a la imaginación, mientras nosotros nos vamos quedando patiabiertos y boquizambos ante el “desarrollo” que va experimentando nuestra sociedad y la tolerancia que exhiben las cabezas de nuestras más antiguas instituciones excusando el crimen.

¿Cuánto nos falta por ver? ¿Cómo diablos resolvemos el problema de miles de niños en las calles si ni siquiera se los podemos confiar a entidades religiosas? ¿Comenzaremos alguna vez a trabajar sin el peso de tanta púrpura, oro, cetros y liturgias? Es decir, libres, verdaderamente libres.

ECLIPSE LUNAR

Mucha gente -estoy seguro- vio el eclipse de luna del miércoles pasado desde una carretera. Otros lo vieron desde la calle o sus casas. Y los demás no lo vieron. Pero de todos, de todos, ¿cuántos lo sintieron?

Un eclipse es un fenómeno que traspasó lo astral para insertarse en lo humano, en su halo sentimental. Es una larga espada de acero mate y negros cuarzos por filos, penetrando hasta las más jóvenes entrañas del latido con más brillo, eclipsando.

Hay gente eclipsada, su brillo muerto por sombras expresa y aviesamente proyectadas.

Hay sentimientos eclipsados, oscurecidos por rabias y negras manías.

Hay brillantes proyectos eclipsados, sepultados bajo la oscuridad de nubes densas y frías de envidia ciega.

Hay amores eclipsados, heridos a muerte por puñales pretéritos de oxidados filos y oscuras empuñaduras.

Hay vidas eclipsadas, empujadas a las sombras por los bíblicos hijos e hijas de la oscuridad.

Hay esperanzas eclipsadas, envueltas en negros velos de desesperanza y rabia.

Hay miradas eclipsadas, nublado su brillo por pesadas lágrimas del manantial de los amores indómitos.

Hay almas eclipsadas, de aura apagada por la tristeza y el abatimiento.

Hay energías eclipsadas, congeladas en medio del gélido soplar de un viento mate sideral.

En fin, que a veces somos, la sombra y suma de mil años de eclipses totales, tanteando ciegos el centro de la dura sombra, con un alfiler en la mano, buscando agujerearla para que filtre de nuevo la luz.

SECRETARÍA DEL OCIO

Hace poco me enteré que en Quebec, Cánada, existe la Secretaría del Ocio, que entre otras cosas apoya económicamente actividades como las que realiza la Sociedad Quebecense de Espeleología, es decir, actividades de exploración de cuevas.

Naturalmente, uno de inmediato trae hasta su (nuestra) realidad lo que ocurre en otros países, salvando las diferencias, claro está. Y salvando diferencias y salvando kilómetros de mar me hago la idea de tener en la República Dominicana una Secretaría de Estado del Ocio como la de Quebec, y esto es lo que resultaría.

Tomando en cuenta de que en R.D. la aspiración de los dominicanos es vivir “sin dar un golpe”, una Secretaría del Ocio sería rápidamente estructurada para viabilizar el no hacer nada; crear en muchas de las dependencias del gobierno los Departamentos de Asuntos sin Importancia; crear las Divisiones de Supervisión de Cosas poco Visibles; organizar varias Subsecretarías para la Burocratización de las Gestiones Demasiado Fáciles, y otras por el estilo.

Pero de seguro, las que saldrían más beneficiadas con la nueva Secretaría del Ocio serían las carreteras, puesto que con la misma celeridad esta Secretaría del Ocio coordinaría con la Secretaría de Obras Públicas cargos como: Coordinador General de la Vigilancia Vial; Encargado de Supervisión de la Coordinación General de la Vigilancia Vial; Supervisores para el Buen Funcionamiento de las Carreteras Horizontales; Supervisores para el Buen Funcionamiento de Carreteras en Declive; Supervisores de Badenes de Carreteras; y, finalmente, los Encargados de la Distribución de Eye-Mo para los “Ojitos de Gato” en cada una de nuestras carreteras.

LIMPIAVIDRIOS: LA NUEVA PLAGA

Lo que en principio se vio como una buena idea de algunos niños y jóvenes, de aplicarse a la limpieza de los parabrisas de vehículos en las paradas de semáforos, en vez de mendigar, se ha extendido como plaga hasta las salidas de carreteras, provocando verdaderos altercados y pleitos entre conductores y personas que de “niños limpiavidrios” han pasado a ser peligrosos individuos que casi conminan al pago de una “limpia” de vidrios aun sin haberla realizado.

En ocasiones estos individuos recurren a la “venganza” de rayar la pintura de los vehículos cuyos conductores rechazan sus “servicios” o, en otras, insultan con obscenidades a los dueños de los vehículos si no se les permite “limpiar” el parabrisas o no se les entregan algunos pesos como “compensación” por su presencia en las calles y su resistencia al sol.

Por otro lado, la exposición de enjambres de “limpiadores” de vidrios al peligro de vehículos en movimiento está causando malestar entre conductores y conductoras que temen atropellarles, aumentando la condición de tensión que se está viviendo.

Y ni modo de agarrar a todos estos niños y jóvenes y mandarlos a los albergues donde ya sabemos, porque entonces sí que se nos diversificaría la “oferta de servicios” en las calles y carreteras.