Yaguate,  el entusiasmo de una comunidad orgullosa de su pasado

Yaguate,  el entusiasmo de una comunidad orgullosa de su pasado

POR ÁNGELA PEÑA
Durante una semana los yaguateros estuvieron mañana, tarde y noche celebrando, por primera vez en sesenta años, el aniversario de su elevación a la categoría de municipio. El poblado era una sola fiesta con sus orquestas y conjuntos turnándose, las conferencias de sus historiadores nativos narrando los orígenes, percances y progresos de su tierra, grupos de baile moviéndose al ritmo de atabales y palos, exposiciones, reconocimientos y oficios religiosos que congregaron a los hijos ausentes y a los que han permanecido en el terruño para brindar con sus mejores banquetes por el significativo acontecimiento ocurrido el uno de enero de 1945.

Instituciones, familias, empresas, niños y adultos esperaban ansiosos las novedades que cada día tenían lugar en el precioso parque y sus alrededores. El entusiasmo no sólo hizo partícipes a los lugareños: visitantes tan distinguidos como Alex Rodríguez o los síndicos y otras autoridades sobresalientes de casi todas las provincias del país, y de Santo Domingo, fueron a confundirse con el emocionante ejemplo de hermandad que caracteriza a los habitantes del que en sus inicios fue uno de los más ricos hatos del siglo XVI por su ingenio azucarero, su ganadería y el cultivo de tomate.

Reynaldo Guerrero Nova, Tomás Espinal, Roberto Mojica, Andrés Peña, Altagracia Báez Álvarez (Yolanda), Tomasina y Luz Eneida Mejía fueron los cronistas que se ocuparon de revivir el acontecer de la comarca llegada a ser tan fundamental que dio nombre a la Catedral Primada, bautizada inicialmente como “Iglesia Metropolitana de Yaguate” o “de Nuestra Señora de Yaguate”, según han consignado Guerrero y Mojica en sus obras, resultado de largos años recogiendo testimonios orales y escritos.

En uno de esos alegres días de evocaciones, solemnidades, regocijo, la glorieta fue testigo de la excepcional creatividad de los yaguateros en la cocina, el diseño de piezas de vestir y artesanales, la preparación de bebidas. Allí tienen otros sabores y apariencia los tipiles, pasteles en hoja, raviolis, batata rellena, ensaladas de yuca y filipina, pastel de higo, torta de papas, albóndigas, tan sabrosos como los vinos de guineo, caña, maíz, carambola, lechosa y malta, chinola, arroz, remolacha y uva o como los encurtidos añejados. Maestros y escolares mostraban orgullosos sus obras. Marianela Mejía, Milagros Lora, Damaris Pérez, Carmen Rivas, Marina Valdez, entre otras profesoras, revelaban ingredientes y preparaciones.

Mientras algunos se deleitaban con el descenso de helicópteros, las exhibiciones de paracaidismo o los desfiles y campeonatos deportivos, otros se ensimismaban leyendo la edición especial de El Constituyente, de San Cristóbal, dedicada a Yaguate, o hacían coro a Cándida Bremón, “la sindiquita” de dieciséis años, seguida de “los bomberitos” y admiradores que la eligieron con sus votos para auxiliar a las autoridades edilicias con su lema “Unidos por la niñez”.

La chispa para tanto jubilo fue la convocatoria del síndico municipal, José del Carmen Oviedo, que motivó al pueblo a integrarse masivamente al histórico aniversario. “Yaguate es historia, campiña verde bañada de sol caribe, caña y melao, contorneada por la danza silenciosa del río Nizao, con gente alegre, sencilla y trabajadora comprometida con su futuro, que ríe, baila al sonido de la güira y la tambora”, escribió Oviedo en el mensaje que circulaba con anterioridad.

Su despacho se convirtió en recepción de bienvenida y agasajo descorchando selectos vinos a invitados especiales que luego se desplazaban por la legendaria dulcería de “Masú” con sus gigantescos calderos y mesas en los que José Altagracia Medrano (Niño), heredero de la fundadora, batía, partía, envasaba o despachaba piñonate, coconete, hojaldre, macitas, naranja en almíbar, leche cortada, pilones, coco, piña, guineo… María de Jesús Guzmán (Masú) dio identidad a Yaguate con estas golosinas cuyo sabor dejó como inviolable secreto a su entonces joven auxiliar. La Escuela Laboral lleva el nombre de la dama fallecida.

OTROS ATRACTIVOS

En las disertaciones, Mojica habló de las familias tradicionales de Yaguate y Guerrero Nova se refirió a los orígenes, evolución y desarrollo del municipio que tiene entre sus atractivos a las Cuevas de las Manchas, El Conde de Mana, el templo y el pozo de la famosa vidente Bibiana de la Rosa, la Presa de Valdesia, el Fuerte Resolí o el otrora caudaloso río Nizao, “el mas represado del Caribe, víctima de la extracción despiadada”, aseveran.

Hablan de El Barrio, de Yaguate Arriba, comprendido por La Uva, la Javilla y Santa Cruz o de Yaguate Viejo, en el centro, que conserva muchas de sus primeras viviendas con su fisonomía original. Los Álvarez, Díaz, Herrera, Lluberes, Guzmán, Vallejo, Fuentes, Peña, García, Betancourt, son apellidos propios de estos vecinos bordeados desde siglos por las propiedades de los Vicini. Entre sus hijos más descollantes citan a la educadora Ana Lilliam Miranda, ya fenecida pero recordada por la escuela con su nombre, a Modesto y Juan Tomás Díaz, que vivieron donde hoy está el hospital y cuyo padre donó los terrenos del mercado, Andrés Peña Herrera, el general José Román García, el empresario artístico Luis Medrano, la familia Rivas Bonilla, los generales Luis Ney Tejeda Álvarez y Simón Andrés Díaz y al propio sindico, José del Carmen Oviedo, por quien no disimulan afectos y simpatías, entre otros.

Reynaldo Guerrero Nova muestra la lista de los notables asistentes a la juramentación de las autoridades de Yaguate, en 1945, y comenta dos versiones que explican el nombre del lugar: un supuesto indio así bautizado “y una segunda, proveniente del arauaco, lengua que hablaban los tainos: el prefijo yagua, parte de la palmera usada para el techado de viviendas y la disidencia tex, que significa nuestra, yagua nuestra, debido a la cantidad de palmeras que existían aquí, de las cuales quedan vestigios”.

Yaguate fue uno de los pocos pueblos del Sur que apoyó la anexión a España, “por eso fue quemado por los restauradores para impedir que sus habitantes ofrecieran sus viviendas como refugio a los anexionistas”, significa Guerrero. Pero en sus largos siglos de existencia, que datan de 1606, fue hato de Tello Guzmán, de Juan Rivera Quezada, de la Compañía de Jesús, que levantó allí un colegio, del gobernador Manuel de Azcory, de Miguel Pérez, de José Guride Concha y finalmente de Margarita Fuentes, en 1818, “año en que quedó fundado el poblado”.

Hoy es, según testimonio de sus nativos, uno de los lugares más hospitalarios y tranquilos, de gente unida, de los pocos en donde todavía se respeta a las personas mayores y se puede, afirman, “dormir con las puertas abiertas”.

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