Yahvé: poeta, dramaturgo y comunicador

Rafael-Acevedo

La gente suele creer que cada palabra corresponde a una cosa, y viceversa. Cuando llamo a Rafael mi amigo, no pienso que estoy llamándome a mí mismo. Mi mente trata la palabra, Rafael, en ese momento, como si mi amigo y dicha palabra fuesen una misma cosa, y que no tienen nada que ver con mi propio nombre.
Equívocamente se suele creer que las palabras reflejan con exactitud las cosas. Aunque un término o fonema que corrientemente se use para distintas cosas, en ciencia, dicha palabra se debe emplear para referirse a un solo y único aspecto de lo que se observa en el microscopio; encontrándose el investigador con una realidad tan rica y compleja, que él mismo se resigna, con toda humildad, a una definición de trabajo “provisional”, que con otras investigaciones más será mejorada y enriquecida; aunque siempre seguirá siendo imperfecta e incompleta (provisoria).
Por eso, los cientistas y entendidos que leen el libro de Génesis, suelen no creer lo que allí dice, o piensan que si esas historias son “ciertas”, deben ser apenas una metáfora de lo que realmente sucedió.
La narración de cómo se sacó a Eva de una costilla de Adán, pudo haberse tratado de una clonación o de cualquiera otra “técnica milagrosa”. Pero piense usted cómo se podía antaño, por ejemplo, explicar una clonación a los primeros humanos que empezaron a usar un lenguaje articulado con señas y gruñidos. Aunque, para bien o para mal, toda palabra y toda reflexión sobre la realidad también se reduce a metáforas, figuras; construcciones de símbolos y sonidos para tratar de entender y de entendernos.
Por eso nuestro Creador prefiere comunicarse por medio de poesías, dramas, repeticiones y otros recursos de comunicación y mnemotecnia; porque gran parte de su obra está destinada a ser entendida por el hombre.
Basta con el mirar el crepúsculo, el cielo estrellado o cualquier diminuta flor para darnos cuenta de que el Creador es un auténtico poeta. (Jamás se le ocurra despreciar a un poeta, cuyo afán es advertirnos sobre la belleza, complejidades y misterios de la vida, colores y sonidos y demás formas expresivas, para llevarnos a estados de emoción, entendimiento y disfrute que no caben en el lenguaje sintético de cientistas, ni en la vulgaridad del lenguaje común.)
Por esa razón (o por otra), Dios también suele preferir la trama dramática para ayudarnos a recordar los sucesos y sus moralejas. Por ello, dice Yahvé en Éxodo 10: 1: “He hecho estas cosas…” (Es decir estas terribles plagas) para que no se les olvide cómo ustedes fueron liberados, y para que lo cuenten a las futuras generaciones.
Además les enfatizó: Escríbanlo; y hagan canciones y fiestas para que nada se les olvide. El firmamento, paisajes, flores, aves, sonidos y vientos son maneras de comunicarnos su amor y su buena voluntad para con nosotros. Por si hubiese sido poco, nos mandó a Jesucristo, quien nos ha alfabetizado hablándonos en cibaeño y jergas locales, para que nadie se equivoque ni se pierda… “mas, tengamos vida eterna”.