Yann Arthus-Bertrand ante el cambio climático

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La fotografía se dirige al goce perceptivo y a la sensibilidad, tanto en sus aspectos estéticos como en su mensaje social.
Si los temas dominantes son la naturaleza y la condición humana, las imágenes nos llegan con mayor fuerza aun; se aprecian instantáneamente y luego se interpretan dejando huellas en la memoria. ¡Hay fotos, de un impacto especial, que nunca se olvidarán!, como sucede con la secuencia “60 soluciones ante el cambio climático” de Yann Arthus-Bertrand. No solo las podemos mirar en la Cinemateca Nacional, sino, desde la computadora, marcando un link que señalaremos al final, entre otros…
Nuestro texto va a ser un poco distinto de los que solemos escribir, aunque se trata de una exposición, pero hay varios elementos más que las obras, y el primero es que esta muestra, diferente, se presenta con motivo de las “Semanas de la Francofonía en República Dominicana”, del 8 al 30 de marzo, particularmente abundantes e interesantes en su programación del 2016, elaborada y animada entre varias misiones diplomáticas amigas e instituciones dominicanas.
“60 soluciones frente al cambio climático”. Sabemos que hay tres conductas posibles frente a la naturaleza –incluyendo por supuesto a la dominicana–: depredarla, por ignorancia, egoísmo o malevolencia; simplemente lamentar el siniestro derrotero que ella va siguiendo, o contribuir a enderezar una situación dramática de perspectivas incalculables.
“60 soluciones frente al cambio climático” propone la tercera actitud, en base a una cita de Albert Einstein: “Un problema sin soluciones es un problema mal planteado”.
En efecto, cada lámina plantea una advertencia y una circunstancia –de peligrosas a dañinas y destructoras–, provisional o indefinidamente, pero, al mismo tiempo que se nos estremece, un mensaje expresa que esos mismos graves trastornos pueden no ser irremediables y eventualmente aprovecharse… ¡para corregir el drama ecológico!
La investigación y la tecnología tienen la facultad de enmendar positivamente las fallas, aparte de la voluntad, individual y colectiva, gubernamental, pública y privada, de detener los desastres. Con ese enfoque, la muestra consta de cuatro partes: La ciudad y vivir juntos, La agricultura y alimentar el mundo, La transición y eficacia energética, y La ineludible adaptación al cambio climático.
Es una exposición itinerante de reproducciones de fotografías, cada una acompañada de un texto informativo y temático, pero que no forzosamente corresponde a la imagen en su localización, el pie de foto figurando aparte. Así el apretado sector barrial de La Plancha.
“Transportes para todos” no es de Santo Domingo, mientras el texto elogia efusivamente nuestro metro, sus resultados sociales y la posibilidad de una contaminación disminuida. A la inversa, un segundo ejemplo dominicano muestra la magnífica imagen de un tronco flotando sobre nuestros arrecifes, junto a un texto fustigando la destrucción planetaria de las estructuras coralinas.
Belleza de las fotos. Texturas, líneas, formas, composiciones, colores, luz, siempre transmiten su inmenso poder de atracción, aparte de que cada imagen tiene su propio encanto y belleza. Por cierto dice Yann Arthus-Bertrand: “Durante mucho tiempo, me dio miedo utilizar esa palabra. Sin embargo es una palabra adecuada y la asumo. (…) Cuando la naturaleza es bella, nos emociona a todos”. Así, nosotros sentimos la relación íntima entre el hombre y su entorno, como él mismo la ha sentido, captando espectáculos únicos. No hemos olvidado las 138 maravillas de “La tierra vista desde el cielo”, diálogo visual con la naturaleza, la geografía física y humana, a través de la fotografía –incluyendo a 18 vistas dominicanas–, en las rejas del parque Independencia.
Ya, según lo anhelaba Yann Arthus-Bertrand, a la fruición sensorial se sumaba espontáneamente una reflexión sobre la vida, sobre la necesidad de preservar lo existente y aun mejorarlo, así como de reparar los daños rescatables; en fin, la urgencia de actuar y movilizarse…
En la presente muestra –sacada, creemos, de aquel magno conjunto de “La tierra vista desde el cielo” y sus 2 600 tomas seleccionadas–, el mensaje es evidentemente más punzante y necesariamente reiterado, para que no se nos escape nuestra responsabilidad. ¡El gran arte siempre tiene mensajes, siendo el primero su alta calidad!
Quién es Yann Arthus-Bertrand. Yann Arthus-Bertrand, ese maestro de una fotografía aérea testimonial tal vez insuperable, ha nacido en París en 1946. Él es un personaje intimidante e impresionante, exigente y generoso, dedicado y obsesivo, formidable artista y genial empresario. En casi medio siglo de carrera, sus obras y realizaciones son incontables, desde fotos, reportajes, libros (“La tierra vista desde el cielo” tiró a seis millones de ejemplares), programas televisivos, conferencias, exposiciones, documentales, largometrajes (“Home” y “Human”), hasta la creación y dirección de agencias y fundaciones poderosas –entre ellas, Altitude y Good Planet–, llegando hasta más de cien millones de personas de manera gratuita.
Ese ecologista, incansablemente comprometido por el desarrollo sostenible y la salvación del planeta, es embajador de las Naciones Unidas y miembro de la prestigiosísima Academia Francesa de Bellas Artes, una elección muy discutida: ¡suelen no perdonar el triunfo! Por supuesto, viajó a República Dominicana, donde se pasó tres meses fotografíando desde helicópteros. Fue él mismo quien eligió el parque Independencia para exhibir “La tierra vista desde el cielo”, en el 2005.
Una de sus tantas frases resume su profesión de fe: “Amo a la Tierra con pasión”.