¡Yo lo superé!

Tirar la toalla, bajar los brazos y darse por vencida. Es la primera sensación que experimentan las personas que son víctimas de violencia intrafamiliar. La decisión se entiende, por cómo las secuelas que deja el drama de la violencia lasceran la dignidad humana.

Sin embargo, bien dicen que el mundo es de los valientes, y tanto Sonsoles de Luna, Noelia y Otelaida  forman parte de ese grupo de seres humanos que tienen como Norte la perseverancia y la superación.

En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la No Violencia  contra la mujer éstas valientes mujeres contaron a ¡Vivir! sus historias.

Ahora la compartimos con ustedes  a fin de motivar a otras mujeres a romper el silencio, buscar ayuda profesional y enseñarles que aunque el drama es fuerte y agudo en todas ustedes está la fortaleza interior para superarlo. 

La especialista

Soraya Lara

pacamrd@gmail.com

Menos violencia

Para disminuir la violencia intrafamiliar la sociedad dominicana tiene que  educar en la socialización de géneros, desmontando la cultura “machista” por la cual ellos se sienten en el “derecho” de maltratar a sus parejas o ex parejas. La cultura de la posesividad, del dominio y del  control ha de cambiar para  mantener relaciones  libre de violencia. Las autoridades deben romper  la revictimización de las mujeres que sufren violencia  y  evitar la desresponsabilización del agresor.  También tienen  que mantener la  coherencia entre lo que dicen y lo que hacen. No puede existir un divorcio entre el discurso de cero tolerancia y acciones concretas.

Noelia, 24 años

La violencia no es sólo  física

 Conocí  una persona, nos gustamos e  iniciamos un noviazgo.  Salíamos  al cine, a la playa, a cenar, a bailar y a compartir  con la familia. Él era muy atento y cariñoso, siempre me llamaba. Cumplimos un  año de relación y todo iba muy bien pero de repente  se alejó sin darme explicación. Le pregunté si algo andaba mal, pero él no me dijo nada. Lo seguí buscando  seis meses más. Agoté  todas mis fuerzas y  me resigné . Ahí vino lo duro. Me deprimí. Mi mamá me motivó a  buscar ayuda profesional. Comencé a atenderme con las psicólogas del PACAM y eso  me ayudó mucho. Aprendí a no ser tan dependiente en las relaciones. También ví lo importante que es buscar ayuda profesional  y dejar de lado el mito de que “los psicólogos son para gente loca”. Hoy me siento una persona diferente y estoy dispuesta a seguir hacia delante

SONSOLES, 40 AÑOS

El silencio es cómplice de  violencia

Mi caso es como el de muchas mujeres: una historia de amor que termina en violencia. Todo comenzó en el noviazgo dónde él me  celaba, me prohibía juntarme con mis amigos y  me aisló de mi familia. Yo interpretaba esto como señal  de que me amaba mucho. Nos casamos y ahí la violencia llegó a lo físico. Yo seguía con él esperanzada en que iba a cambiar. Pero aunque los episodios violentos espaciaban  ese cambio nunca llegó. Un día una sobrina me prestó el libro: “mujeres que aman demasiado” y me descubrí dentro de ese perfil. Busqué ayuda profesional pero sólo cuando fui atendida por especialistas en el tema de violencia pude superarlo. Mis hijos también participaron en la terapia. Hoy siento que lo superé. Soy una mujer libre. Vivo sin miedo. Pido a  las mujeres que hablen pues el silencio es cómplice  de la violencia.

Otenaida, 58 años

A veces somos muy ingenuas

Lo conocí en la playa el 30 de noviembre de 1994 (2 días antes del cumpleaños de mi niña). Él me confesó su amor,   escribió su nombre y el mío en una palmita. Iniciamos el noviazgo y me sentía feliz pues él era muy detallista . La primera señal me la dio una vez cuando me preguntó si yo podía ser su puta. Me indigné y dijo que era broma. Nos casamos en su país de origen, en Europa. A partir de ahí la historia cambió. Me hizo abandonar mis negocios, por lo que yo tenía que pedirle dinero para todo y él me humillaba cada vez que se lo pedía.  Me hizo alejarme de mis hijos pues le molestaba que me visitaran. Me llamaba chopa y me decía que yo estaba engordando.  El día que   cumplimos cinco años de casados me votó de la casa y me dijo: “Ya tú estás pagada”. Busqué ayuda profesional y hoy soy una mujer nueva.