¡Yo soy Minerva! Confesiones más allá de la vida y la muerte

Una tarde, el buen amigo Rafael Ovalles, me llamó y me dijo que él y Edilí tenían interés de conversar conmigo. Nos dimos cita en una cafetería popular de la ciudad. Nos saludamos, conversamos mucho y después de interactuar por un largo rato, me comunicaron su interés. Deseaban que yo escribiera un monólogo para teatro sobre Minerva Mirabal, pues, decían, combinaba el hecho de ser historiadora por un lado, y amante de la poesía por otro. Me sorprendió la propuesta. Durante la conversación me atormentaba la pregunta, ¿Por qué me habían buscado? Les dije, ¿por qué no? De inmediato me puse a trabajar.

Confieso que me he quedado maravillada ante la Minerva que se desnudó ante mis ojos. En mis periplos investigativos me encontré con una mujer segura de sí, y poderosa porque se conocía su capacidad de influir en las personas que la rodeaban. Durante meses de lecturas, entrevistas, visitas y anotaciones, tuve ante mí a una mujer valiente, aguerrida, comprometida, romántica, alegre y poderosamente atractiva.

Los diversos instrumentos de investigación me permitieron que me acercara tanto a ella, que casi siento que la conocí personalmente. A sabiendas de que disfrutaba profundamente con las flores, he llegado a imaginármela arreglando el jardín en Ojo de Agua; vi el camino de piedras que construyó y que todavía permanece intacto, en el santuario de Dedé, y la imagino, tozuda como dicen que fue, colocando animosamente cada piedra. Todo el mundo ha confirmado su amor por la poesía y de las largas noches dedicadas a memorizar y recitar los versos de sus poetas favoritos. Releyendo los poemas la escucho recitando con pasión el Nocturno de José Asunción Silva; o las poesías sobre los muertos de Amado Nervo.

Conocí el drama de esta familia y he llorado con ella, lágrimas tardías pero verdaderas. Me dediqué por muchos meses en cuerpo y alma a esa tarea. Cada información nueva, cada idea nacida de las conversaciones, me obligaban a hacerme nuevas preguntas: ¿Cómo desdoblarme para escribir asumiendo la vida, el estilo y la forma de mi personaje? ¿Debo ser crítica o complaciente? ¿A qué darle prioridad a la Minerva mujer, la Minerva hija convertida luego en madre, o a la Minerva política? ¿Dejarme llevar y hacer una apología más de esta gran mujer? ¿Cómo evaluar la Minerva histórica?

Decidí que el personaje de Minerva Mirabal sería tratado fundamentalmente en su dimensión humana. El personaje histórico ha sido ya muy estudiado y difundido. El relato tendría dos grandes partes. La primera se centraría en los detalles de la vida de Minerva. Qué hizo, qué no hizo, qué pensaba, cómo caminaba, cómo vestía, qué le gustaba, sus amigos, su actividad política, su amor por Manolo, sus hijos, etc. La segunda parte, sería a partir de 1960, es decir 41 años después, cómo evalúa la Minerva–energía, el desarrollo de la historia que ella ayudó a construir. ¿Estaría conforme con los resultados? ¿Estaría de acuerdo de haber pagado el precio que pagó para hacer lo que consideraba correcto como mujer comprometida? ¿Sabía ella que se convertiría, junto a sus hermanas, en heroínas nacionales y en símbolos de las luchas de las mujeres de todos los tiempos? Todo el mundo habla de “Las tres hermanas Mirabal”, pero hay una cuarta hermana. Dedé Mirabal es esa cuarta, la que vivió para contar la historia. Es reconocida como la mujer que luchó para tener en alto el valor y el heroísmo de sus hermanas asesinadas. Sin embargo, yo creo que Dedé ha sido, es y será siempre, como sus hermanas, una verdadera mariposa. Las mujeres de hoy tenemos una gran deuda con Doña Dedé. Imitar su optimismo vital, debe constituirse en un objetivo. Trabajar tanto como ella, como las hormigas de su jardín, debe ser motivo de orgullo y de ejemplo a seguir por nuestro género. Pero lo que más me impresiona de Dedé es su disposición permanente de contar una y otra vez, ad infinitum, la historia de sus hermanas. Recibir a todos los que quieren conocerla con la misma sonrisa. Abrir su casa a gente extraña, para mostrarle sus recuerdos, y poner a la disposición de quien quiera su pequeño espacio vital, sólo puede ser realizado por alguien verdaderamente excepcional. Creo sinceramente que vivir como ella, es sencillamente un canto a la esperanza. Minerva Mirabal y sus hermanas, fueron mujeres de su tiempo, que asumieron los retos de ese tiempo con valor y sacrificio.

Así nació este Monólogo para teatro. Un intento de homenaje a estas cuatro mujeres valiosas para nuestra historia política. Las tres hermanas asesinadas por el tirano, Patria, Minerva y Maria Teresa; y la que quedo viva para contar una y otra vez la historia. Un monólogo escrito para que los jóvenes encuentren inspiración en ellas. Un monólogo para que no olvidemos nunca los horrores de la dictadura. Un monólogo para que honrar la lucha de las mujeres en las luchas políticas y la construcción democrática. Un monólogo para que no negociemos nunca el sagrado derecho de la libertad y la tolerancia.

PD: ¡Yo soy Minerva! se está presentando en la sala Ravelo del Teatro Nacional durante todo el mes de noviembre.