Zonas más vulnerables

Hoy comienza la Temporada de Huracanes del 2009, antecedida por balances deplorables de los tiempos anteriores. Fuera o dentro de este periodo anual, República Dominicana es un país que recibe constantes agresiones de clima, agravadas en sus efectos porque un amplio sector de la población habita lugares expuestos a riadas y derrumbes y en viviendas  frágiles. Tranquiliza bastante comprobar que varios organismos gubernamentales y comunitarios están hoy mejor organizados y prestos a reaccionar a las emergencias que en otras épocas. No era para menos. Somos una isla en el trayecto mismo de los ciclones, condición que no cambiará.

Lo que sí nos falta es reordenar asentamientos; lograr el traslado, antes de la desgracia, de las comunidades expuestas a mayores peligros en hondonadas y riberas. En muchos otros casos procedería construir muros y drenajes. Urge también garantizar la reacción rápida de los grupos humanos que  en determinado momento deben abandonar sus hogares antes que ocurra lo peor. Es de rigor además que el brazo asistencial del Estado no se duerma tras el azote inclemente de la naturaleza, como está pasando con el sufrido entorno del Lago Enriquillo.  Cientos de productores y familias que perdieron sus bienes y medios de vida a causa de inundaciones han estado por cerca de un año a la espera de una ayuda prometida varias veces.

Cuentas claras y serenidad

La detección, seguimiento y comprobación de casos sospechosos de gripe AH1N1 se realiza bajo asesoramiento y certificación de la Organización Panamericana de la Salud, regional de la OMS con asiento en el país, la entidad que a nivel mundial tiene la última palabra sobre el comportamiento de la pandemia que estaría en proceso. La ciudadanía puede, razonablemente, confiar en el papel que juegan las autoridades nacionales respecto del huidizo virus, mutante e impredecible en cierta medida. El recurso más efectivo contra él en estos momentos es la prevención, que todos debemos adoptar.

 Las autoridades rusas tienen derecho de recomendar a sus ciudadanos que no viajen a determinado sitio.  Pero son injustas al exagerar la nota y afirmar  que los dominicanos ocultan la realidad. Tal  ligereza puede causarnos un daño gratuito. Más casos surgirán aquí  pero no hay que adelantarse a los acontecimientos ni perder el tino.