COVID-19RD: “El trabajo no está hecho aún, así que no celebremos todavía”, #MJ en capítulo 10, #LastDance.

Vicente Luis De peña Peralta, autor.
Vicente Luis De peña Peralta, autor.

Como profesor de economía de la @universidadUASD, las clases que más me gustan son la de introducción a la economía, por dos simples cosas: Primero, es lindo ver ese sentimiento de los alumnos al descubrir “la magia” de la teoría económica y su capacidad para explicar el mundo y Segundo, porque los conceptos que se aprenden prácticamente acaban explicando mucho de nuestros trabajos como profesionales de la economía.

Uno de ellos, y quizás el que más me gusta explicar es “Coste de oportunidad” (Co), que no es más que el mejor uso alternativo de un recurso, me gusta porque quizás el principio que le da entrada fue lo que me empujo a estudiar economía “las personas se mueven según los incentivos”. Además, explica el comportamiento subyacente en el modelo fundamental de la teoría económica: “modelo de Oferta y Demanda.

A raíz del discurso del presidente y la “Covidianidad”, usaré ese concepto unido al “Costo marginal” (Cm) y el “Beneficio marginal” (Bm) para tratar de advertir sobre la mala interpretación que le han dado nuestras autoridades a los actuales niveles del número básico de reproducción (R(0)) y lo que esto podría significar de cara a reabrir la economía sin un plan estructurado.

Y digo “mala” pues el pregonado desmonte de los niveles de R(0), fruto de las habituales medidas de auto encierro tomada por la población por el miedo o prudencia a la llegada de la pandemia y mucho antes de las medidas de distanciamiento físico, impuestas por nuestras autoridades, sirvió como justificación principal (según las autoridades) para iniciar el proceso de re apertura en fases, a partir del miércoles 20 de mayo.

Lo preocupante es que a pesar de que todavía no hemos escuchado noticia sobre una cura, lo relevante en el discurso fueron las medidas económicas, en las cuales el presidente enfatizó y no las políticas públicas de salud necesarias, para acompañar esa reapertura y lograr sobrepasar la pandemia.

Pero primero, empecemos por desmontar el mito sobre la disyuntiva entre “Salud vs economía”, que viene de la mano de un enfoque económico que impone un reduccionismo utilitarista y que deja de lado el verdadero sentido de la economía como actividad que busca satisfacer las necesidades materiales de las personas para proveerse de una buena vida.

Es decir, en esta coyuntura y puede que por primera vez en mucho tiempo estamos priorizando la salud ante la economía (o el actual curso) y el enfoque que mal utilizamos, pudiese hacer ver tal acto como una dicotomía. Pero es que no tiene sentido una economía que no esté al servicio de la vida. Dejado claro esto, nos damos cuenta de que no es verdad que existe tal disyuntiva, pues no tenemos una cura para la enfermedad, y la supuesta inmunidad del rebaño tiene un costo en vidas que no creo que ningún gobierno esté dispuesto a pagar.

Entonces ¿por qué nos enviaron a las casas? El distanciamiento físico, viene a fin de proteger la infraestructura hospitalaria. Que se debió fortalecer e incrementar en los más de 50 días que estuvimos en confinamiento, lo cual no se hizo, salvo los hospitales móviles (carpas). Esto deja al país con la misma infraestructura de salud, o sea, las condiciones que nos llevaron a mantener el confinamiento no han variado.

En este punto usted se pregunta ¿pero Vicente, 50 días no son suficientes? ya la gente está cansada de “estar en casa”, dándole entrada con su pregunta al nuevo elemento de la ecuación: La revalorizaron del tomador de decisiones (el gobierno) acerca del Costo Marginal del distanciamiento físico vs el Beneficio Marginal de este.

Esta revalorización que nace de la necesidad de salvar las políticas económicas que dieron al traste con la actual crisis del sector salud, que privatizaron todo el sistema de pensiones, convirtiéndolo en todo menos en solidario, o que salvaron bancos con dinero público a costa de sumergir un gran porcentaje de la población en la pobreza, es coyuntural, obedeciendo a la presión de sectores que son parte de ese pensamiento en el cual la economía se utiliza para generar ganancias infinitas.

En ese sentido es inevitable que, con esta precoz apertura, haya una subida en los casos fruto de la normalización de las interacciones. A lo anterior le sumamos, que fruto de la reapertura, tendremos una estructura de salud que opera sin la protección que le daba el confinamiento obligatorio, sobre miles de dominicanos que podrían tener el virus sin saberlo (asintomáticos) y no salían a infectar. Sumada a la presión psicológica que tendrán los miles de trabajadores informales que tendrán “que salir a la calle a buscársela porque ya volvimos a la normalidad”. Esto traerá consigo un eminente rebrote (que suelen ser más agresivo).

Fruto de esa dinámica, se espera una inminente reconsideración del Beneficio Marginal del encierro donde este vuelve a ser mayor, pues se pretenderá proteger el ya agotado sistema de salud. Ahora con el elemento de incertidumbre y el eventual sentimiento derrotista y de miedo que existe en esas situaciones (ya lo vimos en Chile, Alemania, etc.). Esa reconsideración nos llevará a un nuevo encierro. ¿Pero qué significa eso en términos de tiempo? ¿de cuánto sería el nuevo encierro, Vicente?

Veámoslo de esta manera, todos tenemos una valorización distinta de la disyuntiva COVID19RD, empresarios, enfermos, políticos y los no enfermos también. Pero hay algo claro, a todos nos ocupa el sentido de Costo de Oportunidad. Por lo tanto, la pregunta se traduce en cuál es el Costo de Oportunidad de abrir a destiempo. Veamos.

Las condiciones iniciales del virus son que este nos lleva 7 y 10 días, que es lo que se toma la enfermedad para recrudecer y necesitar hospitalización, más otros 15 días que necesitaríamos para que se revelen los asintomáticos. Eso se traduce entre 25 y 30 días, es decir una relación de 2:1. O sea, que una apertura de un mes antes de lo recomendado se traduce fácilmente en dos meses para revertir los efectos. Siendo el encierro la única medida conocida para revertir esos efectos, estamos hablando de 2 meses de encierro.

En nuestro último trabajo (De peña, Ovalle y Ramírez 2020), mis colegas y yo, advertíamos, sobre el significado de retroceder en los niveles de R(0) alcanzados y tangencialmente el costo en vidas que significaría ese retroceso. El gráfico nos da una idea de lo planteado y de que es descender del R(0) = 1.5, (línea azul) actual hasta otros R(0) que efectivamente logramos pasar.

Una apertura sin medidas adicionales como hacer test masivos, rastreo de contactos de los positivos, cuarentena de casos confirmados y de una fracción de sus contactos, una segunda oleada es inminente, y con ello un alto costo de oportunidad.

¿Estamos preparado para ello? Mi pensar es que no. Como dijo el célebre deportista Michael Jordan en su documental #LastDance y que da titulo a este articulo: “El Trabajo aun no está hecho, No podemos celebrar”.

Aun así, todo eso dependería de la solidaridad de los dominicanos, sobre todo de los que más tienen, y que mucho han ganado todos estos años. Ejemplo las Administradora de Fondos de

Pensiones, la clase política no debería estar pensando en “devolver” a los trabajadores una porción de sus ahorros de años, que se traduciría en una reducción de sus pensiones futuras. Mas bien las AFP deberían estar pensando en cómo ayudar con los miles de millones de pesos que se han ganado con los fondos de los trabajadores, a palear la actual crisis.

Admito que la solución no es fácil, pero es obvio estamos en un estado no normal, donde la creatividad de los actores será fundamental para sortearla.