No conducir
Ajuste económico será mayor a la previsión inicial
El choque ha dado un giro. Ya no se trata de una perturbación transitoria, sino de un choque que podría volverse estructural.
Fondo Monetario
Muchos —incluido el Fondo Monetario Internacional (FMI)— nos quedamos cortos al prever la duración de la guerra en Medio Oriente y, más aún, la profundidad de sus secuelas.
El FMI identificó el riesgo energético, pero asumió que sería contenido, casi pasajero.
Hoy, sin embargo, el paisaje ha cambiado. La escalada del conflicto, la reducción de los flujos de petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz y el impacto sobre fertilizantes y otras materias primas han transformado la naturaleza del fenómeno. Ya no se trata de una perturbación transitoria, sino de un choque que amenaza con volverse estructural, con efectos de segunda ronda: inflación persistente, menor crecimiento y nuevas presiones al alza sobre las tasas de interés.
Particularmente, Georgieva ha hecho un llamado a los bancos centrales a estar listos para subir tasas si la inflación se desancla.
Este giro no obedece a un capricho del FMI, sino a una realidad que se impone con la fuerza de los hechos: lo que parecía una ola aislada empieza a perfilarse como una marea sostenida.
Y la República Dominicana debe reaccionar en consecuencia. Más aún cuando, según un informe reciente de Citigroup (Citi), figura entre los países de América Latina y el Caribe más vulnerables a este choque, junto a economías como Argentina y El Salvador. Esta vulnerabilidad implica que el país importará más inflación que otros, sin poder esquivarla del todo. La razón es clara: su elevada dependencia energética. La economía dominicana importa casi la totalidad de los combustibles que consume, de modo que un barril de petróleo por encima de los 100 dólares encarece de forma significativa la electricidad, el transporte y, en cadena, los costos de producción. A ello se suma una estructura económica abierta y dependiente de importaciones de alimentos, insumos industriales y fertilizantes, donde cualquier interrupción logística se traduce, casi de inmediato, en precios internos más altos.
Ante esta nueva realidad, resulta oportuno que el gobierno haya iniciado conversaciones con distintos sectores para identificar medidas que permitan enfrentar el choque externo. Pero tan importante como actuar es hacerlo con tino: