El peor momento para los marginados

Editorial-(1)-26102026
El consuelo a que se remiten públicamente algunos optimistas con atención a que todo singular exceso de lluvias al tiempo de dañar crea condiciones favorables a nuevas siembras, no es extensible -en área urbana, sobre todo- a los resultados de las lesiones que causan al sector social de los marginados los desbordamientos pluviométricos. El propio Estado calcula que representan el 19.0% de la población (2024). Alrededor de 2.0 millones de personas.
Para los asentamientos situados en despeñaderos, bordes ribereños y suburbios de considerables estrecheces y carencias de infraestructuras de mínimas resistencia a los ímpetus climáticos, volver a la normalidad no tiene nada que ver con la fertilidad del suelo ni con la cantidad de agua caída.
A ellos, los situados bajo la línea de pobreza, no les toca la opción simple de echar simientes porque sus “surcos” muestran incapacidades para resurgir de la desgracia con apropiadas edificaciones y medios para asegurar la alimentación que han tendido a desaparecer. Y si lo perdieron todo en un instante, como ocurre con frecuencia por desastres, tras el abrupto despojo podrían permanecer en penurias por años y años si fallan los auxilios institucionales.
Se está ante precipitaciones que han obligado a miles de familias a abandonar techos precarios, a padecer por la salida de servicio de un número importante de acueductos y con comunidades de la ruralidad aisladas por crecidas de ríos, arroyos y derrumbes sobre carreteras y caminos.
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En curso están las respuestas de organismos de socorro de reconocida capacidad y experiencia para el manejo de estos golpes de la naturaleza bajo la dirección del COE y supervisión personal del presidente Luis Abinader.
Un protagonismo desafiado por el curso crítico e impredecible del ahora huracán Melissa capaz , en un momento dado, de sobrepasar la disponibilidad de recursos para asistir a damnificados a pesar de que ya anoche se emitió luz verde para la reactivación parcial de actividades a partir de hoy mientras parte del sur sigue en alto riesgo.
Casos del pasado impiden descartar que surjan conductas de segmentos poblacionales que no se correspondan con la gravedad del momento, por temeridad o por no reaccionar como se debe a los mensajes oficiales que llaman al comedimiento y a la auto protección. Tras el resultado de las prevenciones dirigidas a proteger vidas y bienes, debería lograrse un balance sobre la efectividad de medidas aplicadas y la magnitud de la remediaciones a emprender en lo material y en lo humano.