En el abismo de la desglobalización

En el abismo de la desglobalización

Fernando Álvarez Bogaert.

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A Franklin García Fermín y Silvio Carrasco Rodríguez

Recientemente, publicamos una serie de artículos que denominamos: “Los efectos internos y externos de la desglobalización”. En ellos tratamos los principales factores que están provocando que más de treinta años de conexión, acuerdos, tratados y relaciones internacionales se estén lacerando, profundamente, generando los que muchos analistas y estudiosos denominan la desglobalización.

Resulta importante destacar que el proceso de desglobalización, al que nos referimos, está más relacionado con los mercados de bienes y servicios, dado que la globalización es un concepto muy amplio, y hay componentes que, por más que se quisiera, no pueden ser ignorados.

Según el FMI, “La globalización» económica es un proceso histórico: el resultado de la innovación humana y el progreso tecnológico. Se refiere a la creciente integración de las economías de todo el mundo, especialmente a la relacionada al comercio y los flujos financieros. En algunos casos, este término hace alusión al desplazamiento de personas (mano de obra) y a la transferencia de conocimientos (tecnología) a través de las fronteras internacionales.

La globalización abarca además aspectos culturales, políticos y ambientales más amplios que no se analizan en esta nota”.

Le invitamos a leer: Los efectos internos y externos del proceso de la desglobalización

Seguimos con esta publicación, a la que acudimos por considerarla de gran pertinencia: “Los mercados promueven la eficiencia por medio de la competencia y la división del trabajo, es decir, la especialización que permite a las personas y a las economías centrarse en lo que mejor saben hacer. Gracias a la globalización, es posible beneficiarse de mercados cada vez más vastos en todo el mundo y tener mayor acceso a los flujos de capital y a la tecnología, y beneficiarse de importaciones más baratas y mercados de exportación más amplios. Pero los mercados no garantizan necesariamente que la mayor eficiencia beneficiará a todos. Los países deben estar dispuestos a adoptar las políticas necesarias y, en el caso de los países más pobres, posiblemente necesiten el respaldo de la comunidad internacional a tal efecto”.

Es en esta afirmación en la que la República Dominicana debe centrarse en el proceso actual en el que nos encontramos y que trataremos en la última entrega.

Ya en el año 2000 el FMI se advertía sobre los posibles efectos de la globalización, indicando la dependencia internacional y cómo afectaban los mercados en las situaciones macroeconómicas de los países. Una de las principales consecuencias consistió en la dificultad de aplicar políticas locales para frenar los choques externos derivados de la globalización y, a su vez, las implicaciones externas por problemas focales que desatan crisis a nivel internacional. Un escenario similar al actual, donde la confluencia de distintos factores de riesgos que ha golpeado directamente las cadenas de suministros y desató un proceso de desglobalización, según numerosos analistas y renombradas personalidades y académicos.

Estos factores y sus consecuencias, los trataremos en la próxima entrega, las “ventajas” que podría aprovechar un país como el nuestro que cuenta con una posición geográfica estratégica y condiciones económicas estables.

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