Tratándose de una marcha concebida para participación indiscriminada de ciudadanos dispuestos a demandar restricciones a una inmigración que preocupa a la sociedad, se corrió el riesgo, que debió calcularse, de redirigirla desde alguna minoría hacia la agresión y el desorden al margen de sus organizadores que habían pactado límites a los alcances con las autoridades, como era pertinente. El propósito de encaramarse a ella para acrecentar mediáticamente la popularidad con poses de radicalidad robándose el show (que con eso se gana dinero también) fue un notable ingrediente en la desnaturalización de una protesta que habría tenido una mayor participación popular si no estar precedida de temores e indicios de que se prestaría a intenciones grupales de desbordamiento para pescar en río revuelto. Luego vendría, y así ocurrió, manipular consecuencias desastrosas para culpar a la fuerza pública y abrir las compuertas a liderazgos partidarios que siempre buscan motivos para atribuir excesos al Gobierno. Algunas declaraciones -casi al minuto- tuvieron el perfil de lo prefabricado. Lo cierto es que a pesar de duros discursos nacionalistas de los promotores, tempranamente habían puesto distancia de alteraciones del orden y que la Policía Nacional usó medios no letales para hacer respetar los límites convenidos.
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A la operación «Barril de pólvora» (que así pudo haberse llamado) le falló el detonante. Ningún mortuorio vino después gracias a la prudencia de los convocantes y a la cuidadosa alta oficialidad puesta a mezclar tropas entrenadas para la confrontación con civiles enardecidos que allí estuvieron numerosos y expuestos a discursos de barricada durante el intento final de arrastrarlos a fricciones con inmigrantes. Esto, en el corazón de la zona turística más importante del país que poderosos competidores de otros destinos caribeños quisieran ver llevada a una imagen muy negativa. Nadie debe jugar desde posiciones extremas a crear la impresión en el exterior de que la violencia callejera con saldos lamentables se asoma a los enclaves de vacacionistas y mucho menos a que la gendarmería local se deja llevar a la represión sangrienta para lo cual aparentemente hubo la intención de crear condiciones.