Imbert y Amiama

Imbert y Amiama

El decreto 6088, de principios de noviembre de 1962, mediante el cual el Consejo de Estado inviste con el grado de general del Ejército Nacional a los supervivientes en la muerte de Trujillo, señores Antonio Imbert Barreras y Luis Amiama Tio, generó convulsión a lo interno del Gobierno y de la alta jerarquía de las Fuerzas Armadas.

Las dificultades se profundizaron cuando los altos mandos conocieron el artículo 2 del mismo decreto que señala: “los nuevos generales desempeñarán las funciones de supervisores de las Fuerzas Armadas”.

Días después los gendarmes militares se reunieron con Imbert y Amiama y les hicieron saber que no tenían objeción a la decisión del Gobierno de otorgarles el rango de general, pero cuando fueron enterados de la coletilla que les otorgaba la supervisión de los institutos castrenses, comenzaron las dificultades y se originaron contradicciones y pareceres, tanto entre la alta oficialidad como a lo interno del Consejo de Estado.

El generalato de Imbert y Amiama provocó muchas dificultades y el ambiente político del país se puso tan lúgubre como en los días posteriores al asesinato de Trujillo.

El jefe de las Fuerzas Armadas, Víctor Viñas Román, y los coroneles Marcos Rivera Cuesta, Ramón Pagán Montás y Miguel Atila Luna, afirmaron que “bajo ninguna circunstancia”, aceptan el generalato de “cuatro estrellas” de Imbert y Amiama.

Inclusive, Atila Luna quería bombardear el Palacio, “si se mantiene la decisión a favor de los conjurados en la muerte del dictador”, según revela el embajador de Estados Unidos John Bartlow Martin, en su libro El Destino Dominicano.

La confusión creció de forma tal que un mes después el embajador Bartlow Martin tuvo que “salir de la cama” cuando fue informado de la posición “radical” que mantenían los militares con relación al decreto 6088.

Expresa que en la ocasión “el alto mando militar se había reunido con Amiama e Imbert, y que les habían dicho que tendrían gusto en recibirlos como generales de una estrella, pero no de cuatro estrellas”.

Los dos conjurados en la muerte de Trujillo habían estado de acuerdo con la posición de los mandos, e inclusive “todos habían llamado al presidente Bonelly y este lo había aceptado”.

Para la ocasión, Imbert tenía el control de la Policía Nacional y el Consejo de Estado le aprobó nombrar al coronel (ascendido a general) Belisario Peguero Guerrero como jefe de la institución, así como la transferencia de cientos de soldados de la Marina, el Ejército y la Fuerza Aérea al cuerpo del orden.

Martin revela que más adelante, el viernes 23 de noviembre, durante una fiesta en honor de la hija de Bonelly, en casa de este, en Santiago, conversó con Imbert Barreras durante dos horas, y que el militar le comunicó: “Estoy harto.

Si el asunto del generalato no se resuelve la semana próxima dimito del Consejo de Estado y del Ejército y también Amiama”. Y agrega que Imbert se quejó de la actitud del consejero Donald Read Cabral, de oponerse a la concesión del grado a ellos”.

El diplomático norteamericano afirma que al día siguiente del encuentro en Santiago se reunió con Imbert y que lo convenció de que no desistiera de ninguna de las dos posiciones (consejero y general de una estrella), y que además aceptó eliminar la coletilla “supervisor”.

Acto seguido le recomendó que aceptara cambiar la palabra de supervisor por la de “inspector”, con lo que Imbert estuvo de acuerdo. Pero se presentó el caso de que las Fuerzas Armadas tenían un inspector general, el general Miguel F. Rodríguez Reyes, militar íntegro y “muy celoso de que se cumpliera al pie de la letra la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas”.

El texto del decreto 6088, otorga una “escolta permanente compuesta por no menos de seis oficiales” a Imbert y Amiama Tio, tomando en consideración, entre otros aspectos, “su actuación apolítica, por lo que es en las Fuerzas Armadas donde encontrarán una mejor protección a sus vidas, al mismo tiempo que una mayor oportunidad de contribuir a que alcancemos nuestra definitiva estabilidad democrática”.

La situación del generalato se caldeó entre los jefes de las Fuerzas Armadas por un breve tiempo, y a principios de diciembre, tres semanas antes de las elecciones generales, ·había renuencia entre algunos jerarcas militares”. “Me daba la impresión de que por debajo de la superficie pasaban muchas cosas de las que no sabíamos nada”, expresa Martin en su libro.

“Una semana antes del torneo electoral, Imbert, Amiama y yo, nos reunimos en la casa del primero, y ambos revelaron que temían por la vuelta de Balaguer al poder, y en lo relativo a ese encuentro el jefe Viñas Román dijo al diplomático que los militares estaban de acuerdo con las elecciones del 20 de diciembre “pasase lo que pasase”.

Siete meses después, el 25 de septiembre de 1963, los dos sectores, Imbert y Amiama, hicieron causa común y derrocaron el Gobierno constitucional del profesor Juan Bosch.

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